¡Bollywood!

Café Madrid
Antes de que las estrellas de la pantalla india desfilaran por la alfombra verde, extendida en el recinto ferial Juan Carlos I, hubo una multitudinaria clase de yoga y luego un montón de actos de música, moda y cultura urbana de la India que, francamente, no convocaron a mucha gente.
Antes de que las estrellas de la pantalla india desfilaran por la alfombra verde, extendida en el recinto ferial Juan Carlos I, hubo una multitudinaria clase de yoga y luego un montón de actos de música, moda y cultura urbana de la India que, francamente, no convocaron a mucha gente.

Ese moreno que avanza montado en un burro, muy bien trajeado y con gafas de sol, mientras lo escoltan con aplomo un par de chulapos que parecen salidos del chotis que Agustín Lara le hizo a Madrid, se llama Salman Khan. Es muy probable que a ustedes, como a mí, el nombre no les suene, pero se trata de uno de los actores y productores más importantes de Bollywood, la potente industria de cine indio que cada año ofrece al público un promedio de mil películas y que esta vez ha elegido a la capital española para celebrar la edición número XVII de los Premios de la Academia Internacional de Cine de la India.

Es sábado, es de noche, hace un calor obsceno y la apabullante y exótica parafernalia india se desparrama sobre un gigantesco escenario en el que confluyen abundantes chorros de luz y sonido y decenas de bailarines vestidos con trajes de colores. Dicen los organizadores que unos 800 millones de personas ven en vivo y en directo esta ceremonia que, además de premiar a la mejor actriz o a la mejor película, elige también a la mejor interpretación en playback o al mejor personaje negativo. Salman Khan podría ser galardonado en esta última categoría, pues en su biografía cuenta con una condena de cinco años de cárcel por atropellar con su coche a una persona, otros cinco por salir a cazar en reservas naturales protegidas y una serie de peroratas machistas en la tele, como “mi mejor vicio es tirarme a todas las mujeres” o “después de entrenar boxeo me siento como una mujer violada”. Pero todo esto es parte de la realidad y no de la ficción bollywoodense, así que hoy tiene que conformarse, nada más y nada menos, que con el premio a la mejor película (un largometraje llamado Bajrangi Bhaijaan, que ojalá ustedes puedan leer de corrido).

Esta edición madrileña de la premiación es sucesora de las que se llevaron a cabo en años anteriores en ciudades como Londres, Ámsterdam o Singapur. Las organiza una empresa, Wizcraft International, que el año pasado fue investigada por recibir financiamiento de una compañía opaca de Hong Kong, algo a lo que las autoridades españolas no le han dado importancia porque el evento ha dejado aquí unos 15 millones de euros de beneficio económico, pues durante cuatro días miles de indios (y otros fans internacionales de los dramas y musicales de Bollywood) han ocupado buena parte de los hoteles y las calles y los comercios de la capital.

Antes de que las estrellas de la pantalla india desfilaran por la alfombra verde, extendida en el recinto ferial Juan Carlos I, hubo una multitudinaria clase de yoga y luego un montón de actos de música, moda y cultura urbana de la India que, francamente, no convocaron a mucha gente. En cambio, 5 mil personas compraron su boleto para la gala y se dispusieron a bailar y aplaudir con desenfreno. Los integrantes e invitados de esta industria llegaron arropados por flamencas vestidas de lunares y peinetas, chulapos con su respectiva boina y pantalón a la cadera y mariachis. ¿Mariachis? “Sí, son de México y no de España pero siempre caen bien”, dijo Benny Dayal, un actor que en la nación de Gandhi es muy famoso (o eso dice) y está encantado con todo este batiburrillo festivo. Las cuatro horas de ceremonia comenzaron con un discurso en inglés de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, y acabaron con la apoteósica actuación musical de Salman Khan. La verdadera celebración del cine no es propia de los Oscar gringos sino del país del curry.