Una fábula feminista

Escolios
Escolios 674

Hace poco, en la madrugada de la Feria de Aguascalientes, vi un espectáculo tan chusco como vindicatorio de las atroces y cotidianas escenas de acoso a mujeres: una muchacha, aclamada por sus amigas, le pegaba con su bolsa a un borracho que había intentado propasarse. El borracho, humillado, derribado y extenuado, ponía la testa en el suelo, como un perro contrito, mientras la chica le recordaba, con merecidos insultos, que en el asunto de las caricias se requiere consenso.

En 1915, Charlotte Perkins Gilman, la conocida escritora y activista norteamericana, publicó su novela Dellas, un mundo femenino, una deliciosa utopía en torno a un país de mujeres donde no ha habido hombres por cerca de dos mil años. La trama: tres aventureros norteamericanos se enteran de un país de amazonas y encuentran el mítico sitio. Cuando descienden por avioneta, intentan seducir a las mujeres con labia y regalos, pero sus artes fallan y son sujetos a un benigno cautiverio preventivo. Los tres personajes comienzan a conocer el pueblo de las amazonas y, al mismo tiempo, a revelarse a sí mismos: Terry, el macho alfa, brutal y ostentoso seductor; Jeff, romántico y manso; y Van, el cerebral narrador. Se enteran que Dellas era un reino convencional, siempre inmerso en guerras sangrientas, una de las cuales provocó la muerte de todos los varones. Aunado a esta tragedia, un terremoto terminó de aislar el valle, lo que condenaba a las mujeres sobrevivientes a la extinción. Sin embargo, mediante una milagrosa germinación virginal, esta raza pudo reproducirse por siglos y desplegar al máximo las virtudes de solidaridad, compasión, fraternidad y practicidad presentes en el espíritu femenino. El resultado es una civilización avanzada, con ciudades limpias y ordenadas, tecnologías sencillas y amigables con la naturaleza, una economía sobria pero digna, y habitantes sanas, inteligentes y realizadas.

Los tres amigos son puestos a prueba para ser admitidos y cada uno adquiere una esposa. En el matrimonio las diferencias afloran y, con pericia narrativa y humor sutil, se describe lo artificial y anacrónico de los estereotipos y las pretensiones de dominación masculinas. Por ejemplo, los esposos, con profesiones inútiles en un país frugal y pacifista, fungen como asistentes de sus esposas silvicultoras y no pueden proveerlas (pues todos reciben lo que necesitan), ni protegerlas (pues no hay peligros y, además, ellas son más fuertes). Van logra una difícil pero sincera relación con su mujer; Jeff se vuelve un hijo obediente de su esposa y el conflictivo Terry echa todo a perder cuando intenta forzar a su amazona a tener relaciones sin que ella lo desee. Aunque el abusivo recibe una justa paliza por parte de su mujer, el hecho resulta tan indignante e insólito en este país, que Terry es expulsado y, a condición de que no revele la localización de la prodigiosa Dellas, devuelto a su “civilización”, donde el abuso y la inequidad entre géneros son consuetudinarios.