Se hace camino al danzar

[Danza] 
Compañía de danza Barro Rojo
Compañía de danza Barro Rojo

El primer contacto que tuve con la danza contemporánea hace ya muchos años fue a través de la compañía mexicana Barro Rojo, cuyo trabajo no solo ha trascendido fronteras y destacado por su calidad técnica e interpretativa, sino que ha sobresalido por la interlocución con fenómenos sociales que dan sentido a sus obras.

Recuerdo con gozo el lejano tiempo cuando la bailarina Luz Ureña, miembro de la compañía y quien fuera mi maestra en el Centro de Educación Artística Diego Rivera, invitaba a los estudiantes a presenciar las funciones de “Los Barro”. Era imposible no congelar la mirada en cada uno de los instantes que la danza nos obsequiaba; instantes que definían y representaban personajes, historias, gestos y emociones recreados por cada ejecutante. Fue a través de aquellos bailarines que miré a la danza real, la que se escapa de los cuentos y las anécdotas frívolas, y conocí la danza que se compromete con su técnica y sobre todo con sus temas nutridos de vida y momentos cotidianos que construyen sentido para la existencia.

Después supe de la ejemplar historia de la compañía que visitaba los campamentos de damnificados por el temblor de 1985 en la Ciudad de México. Conocí la experiencia de bailarines que decidieron compartir su trabajo para contribuir a la reconstrucción de un tejido social que también se había resquebrajado.

“Permanecer ajenos al suceso social que nos lastima sería una contradicción en la sensibilidad del artista, del ser humano. No se puede permanecer al margen de los sucesos que nutren día a día nuestro ser social”, dice Laura Rocha al explicar la relación de Barro Rojo con su entorno social. Tuve el honor de presentar el pasado 16 de abril el libro Barro Rojo: caminos, editado por FLUIR Ediciones, que reúne el trabajo fotográfico de Jorge Izquierdo durante la gira que la compañía hizo a El Salvador en 1987. Testimonio visual que impacta por el contexto social que refleja, pero sobre todo por el reto que significó hacer danza dentro de ese entorno. Ninguna fotografía en este libro lleva desperdicio, es un memorial invaluable. Podemos ver imágenes de Francisco Illescas en las puertas de la catedral en la que fuera asesinado monseñor Romero, danzando la obra Aztra; un Serafín Aponte descalzo sobre piso de tierra ante la mirada atónita de niños, niñas, hombres y mujeres en un campamento de refugiados; Laura Rocha, Arturo Garrido y Eréndira Rodríguez sudando frente a una manta en la que se lee “Barro Rojo por la paz”.

Han transcurrido 29 años desde aquella odisea en tierras salvadoreñas. Queda la memoria de una historia que parece condenada a repetirse y la tenacidad de una danza que la interpela. Barro Rojo ofrecerá funciones el 28, 29, 30 de abril y 1 de mayo en el Teatro de la Danza. Una oportunidad de observar el presente conservando la memoria, para pensar el futuro de la danza y de la humanidad. Enhorabuena por los pasos y la remembranza; y cito su legendario grito de batalla: “¡Barro Rojo vive, carajo!”