¿Literatura argenmex o texmex?

Poesía en segundos
Arbitraria, muestrario de poesía y ensayo (Antílope, 2016) nos abre un camino para comprender la literatura mexicana más joven de hoy.
Arbitraria, muestrario de poesía y ensayo (Antílope, 2016) nos abre un camino para comprender la literatura mexicana más joven de hoy. (Especial)

Así como los recientes ensayos y antologías sobre nuestra literatura de José María Espinasa, Carlos López Beltrán, Pedro Serrano, Juan Domingo Argüelles, Rogelio Guedea y Delia Juárez nos permiten repensar el extraño momento de riqueza indiscutible, populismo atroz y confusión inevitable que viven nuestras letras, Arbitraria, muestrario de poesía y ensayo (Antílope, 2016) nos abre ahora, gracias a su oportuna brevedad —piezas únicas— y a su afortunada recopilación —composiciones representativas—, un camino para comprender la literatura mexicana más joven de hoy.

Arbitraria, en su pequeñísima introducción, parte de dos ideas: el ensayo y la poesía tienen una exhibición escasa en la industria editorial, son “géneros subrepresentados”; y estas dos formas, la crítica y la lírica, son “las propuestas más arriesgadas”. Dejando de lado la cuestión de por qué el ensayo y la poesía están subrepresentados, podemos preguntarnos qué es lo que caracteriza la aventura de estas nuevas letras.

Definitivamente, la búsqueda de concreción. A lo largo de los 24 textos reunidos, el lector advierte una urgencia de sustancia. Cada una de las composiciones posee la virtud de ofrecer, a veces con ironía, un objeto o un tópico evidente e imperdible. Todo lo contrario de lo que ocurría hasta hace poco con la falsa y farragosa manera de muchos de los “neobarrocos”. En los textos de Arbitraria hay un hambre de inmediatez matérica, aunque al mismo tiempo —y esto es interesante— hay mediación, complejidad. Es decir, los textos de este florilegio son accesibles, pero no carecen de perspicacia y multiplicidad. Asimismo, suenan auténticos. En cuanto a la forma, predomina un híbrido de ensayo y creación, y la preferencia por la prosa —de un modo abierto o en líneas cortadas—. Recuerdan, muchas veces, la poesía argentina agringada y llena de sentimientos de inferioridad ante los poemas de Borges. Y aquí es donde comienza el otro lado de la moneda.

El desplante claridoso de los ensayos y poemas de Arbitraria insinúa no solo una diferencia con la poesía de las vagas “complejidades” sino con toda la tradición. Así, sin diferencia, como si el sintético tiempo interior del verso —números e igualdades— solo fuera poesía culta cursi o sentimentalismo protocolario.

¿Qué esconde esta postura? Candor. Entraña la idea de que la prosaica poesía sudaca nos da una nueva originalidad, cuando solo es un epígono de la norteamericana que la mexicana pensó, tradujo y devoró hace mucho. De hecho, los mexicanos han difundido, a través de las pequeñas editoriales, una parte esencial de la poesía en inglés de la segunda mitad del siglo XX. Aquí, y allá —en el Sur—. La simpleza ha desvinculado a los nuevos escritores de la raíz universal, cosmopolita, caníbal de la poesía mexicana, y los ha liberado de un rigor e inteligencia extremos. Sintiéndose locales de otras literaturas, con raíces cortas, los jóvenes se adivinan novedosos. Quizá por eso muchos de sus textos están, en ocasiones, redactados en forma floja; practican el ripio, no en rima, en aliteración; y confunden la densidad intelectual mexicana —sin miedo a Rilke y a Borges— con una solemnidad del estilo.

La candidez ha creado, no en Argentina sino aquí ¡en México!, una nueva forma de escritor argenmex. Quizá lo que ha subyugado a una parte de los jóvenes es un inhábil rap tejano con el “ta” del acento rioplatense. Poesía sin noúmeno y neuma. ¿Qué va a ganar? ¿La concreción viva o la arbitraria cháchara acomplejada?