Apuntes para un cuadro de mi vida gay

Retrato
El artista es quien palpa su propio pensamiento, quien se aferra a su sexo
El artista es quien palpa su propio pensamiento, quien se aferra a su sexo

Los impuestos a la vida del artista son muy altos: paga con su cuerpo, con su carne; tiene que pagar con una historia, y si ésta va acompañada de un glosario de su sexualidad, mejor. Si un artista lo es de veras, deberá pagar los aranceles de su existencia con su propia piel. La piel del artista arde en el fuego purificador de su existencia, si acaso, y de las lágrimas de cocodrilo del público. El artista es el ser que ha reconocido que todo viaje conduce al vacío que hay frente de sí y bajo sus pies, ha reconocido que su final es la promesa de una supernova, un éxtasis para el público. El vacío alcanza un alto precio en la subasta del lenguaje, quizá tanto como la sexualidad. El artista no crea para ganarse o perder la vida ni para aprender; y sin embargo sabe que hay que defender su cuerpo, pase lo que pase, defender su raíz.

El artista es quien palpa su propio pensamiento, quien se aferra a su sexo: “no importa a dónde vayan todos, yo me quedo conmigo, adentro de mi vida y de mi muerte, y no obstante siempre intentando vivir”. Es que ha reconocido también que somos solo un juego de la vida interestelar.

Surge un artista, se le confunde con noticias. Aparecen los críticos de arte proponiendo un enjambre de significados. La parte más frágil de los críticos de arte son sus propios ojos. Casi todos los críticos de arte del mundo han tenido problemas oculares.

Gian Giacomo Caprotti da Orando, el llamado Salai, hizo trapos con el desnudo corazón de su mentor. Aunque no se sabe, de cierto, si también con su sexualidad.

En algún momento me he de haber topado con alguien; era otro y creí que era yo. Me reconocí. Un igual, otro, a cuyo cuerpo veloces se abalanzaron todos mis deseos. Los de la carne y los inventados. Quise pintarlo, quise escribirlo. Desde entonces, vive en mi superficie, queriendo ser mi espejo. Me ciño a él. Me veo. Me desea.

El lector está callado, y mirando fijamente el color negro de sus pantallas.