60 años de Poesía en Voz Alta

Merde!
La actriz Rosenda Monteros.
La actriz Rosenda Monteros.

Estamos hechos para olvidar pero el teatro mexicano le debe mucho a sus procesos escénicos. Sin Poesía en Voz Alta no comprenderíamos eso que los ingleses denominan Environmental Theater (propuesta espacial, manejo de textos y relación con el espectador). En 2016 se cumplirán 60 años de aquel suceso y seguimos sin comprender su trascendencia.

Para que Poesía en Voz Alta sucediera en México se necesitó la importancia de un escritor, Juan José Arreola; un poeta, Octavio Paz; y un director de escena como Héctor Mendoza. Sin ellos no se hubiera creado esa amorosa democracia en que el teatro requiere de todos sus talentos para la totalidad del arte escénico, ese donde actores, escenógrafos, vestuaristas, utileros y el espacio teatral logran que un público se entregue a un propósito: la máscara de cristal donde todos nos identificamos.

Me adelanto para que no lo olvidemos: es el momento en que el teatro nacional nace moderno, rompe con el anquilosamiento de las viejas vanguardias e introduce a México a uno de sus mejores momentos de la escena mundial. Si algún ignorante lo duda puede consultar el libro de Roni Unger, Poesía en Voz Alta, el mejor trabajo de investigación sobre el teatro mexicano y sus alcances universales.

Arreola, Paz y Mendoza no fueron los únicos aunque sí cabezas del grupo. Pero sin el entusiasmo de Antonio Alatorre, Juan Soriano, Leonora Carrington, Elena Garro y actrices como Rosenda Monteros y Tara Parra —y un gran elenco de renovadores de la escena mexicana— hubiera sido imposible convertir en realidad un sueño.

Paz aportó la única obra que realizó para el teatro: La hija de Rappaccini, y agregó el teatro francés y el surrealismo. Arreola apostó por el soneto y uso de la sinalefa, con todo y sus gongorismos y rebuscamientos, con todo su esquematismo y abstracción: ese barroco de la literatura castellana. Héctor Mendoza dio corporeidad a los deseos y ambiciones del poeta y escritor, dando la impronta realista que necesitaba la escena mexicana. Ojo: el único de los tres líderes que entendía de teatro en escena.

El realismo llegó a México con aires modernos e innovación de la escena. Adiós al griterío español y la grandilocuencia sin emociones de actores que recitaban parlamentos. Hoy eso parece poco pero en los años cincuenta era una revolución. Hoy los dramaturgos y directores de escena se sienten únicos pero Poesía en Voz Alta fue la puerta que abrió los caminos de la contemporaneidad. José Luis Ibáñez, Juan José Gurrola y Nancy Cárdenas sumaron en esa aportación. No en balde lograron sus estilos únicos y sirvieron de base a las nuevas generaciones.

Poesía en Voz Alta fue un parteaguas. Roni Unger hizo un caleidoscopio de voces en su libro que permite rastrear la importancia y trascendencia del grupo. La crítica teatral de entonces es el referente fundamental de las aportaciones estilísticas. Desde entonces el “adiós al recitado de los actores” fue el cambio histórico que marcó un hasta aquí a la visión de un actor, creador de personajes, no lector de textos.

Ojalá no olvidemos los 60 años de aquel suceso teatral, los días 19 de junio y 31 de julio de 1956, cuando Poesía en Voz Alta nació en México —y México se hizo moderno.