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Jueves , 18.10.2018 / 20:33 Hoy

La venganza de los masoquistas

Casta diva


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El masoquista es una víctima voluntaria, se entrega al sufrimiento porque sabe que perdura más que el placer, su gozo es persistente, le acompaña en cada herida. El sádico es efímero, su instante se volatiliza, la recurrencia no es suficiente, porque es eternamente breve. La Comedia dell’arte creó a Pulcinella, el personaje masoquista que provoca la risa y el escarnio, que se humilla a sí mismo exhibiéndose insignificante y con esa máscara se burla del sádico que lo somete, que ingenuamente cree que su desahogo puede hacer daño. El sufrimiento es fetichista, el vestuario de Pulcinella lo señala, el color blanco, cuello con pliegues, botones grandes, zapatillas, una máscara, se viste para el ridículo, para encarnar al títere de nuestra propia sumisión, ese que desata la codicia del otro. La neutralidad del blanco le permite responder, agredir, invertir el papel, y ser el espejo degradante del sádico. En las escenas galantes de Watteau las damas tienen la compañía de un Arlequín melancólico, que canta y bromea, su inocencia fingida y asexual es un juguete que se deja hacer, el gozo sin consecuencia es parte de la mentira, es el bufón que desprecia servir con lealtad. El Puncinello de Tiepolo plasma la deformación que excita el escarnio del sádico, la joroba, la máscara negra, el vestuario blanco de pantalones cortos, se viste para ser el leproso de la risa enferma. Tiepolo dibujó a Puncinello para los niños, el terror al personaje se infusa en la memoria, a su constante provocación al castigo, escenas con flagelaciones, peleas, nos inicia en la tragedia, en la certeza de que la sumisión se trastoca en maldad. Pagliacci la ópera de Loncavallo lleva el personaje a la demencia, sin saber distinguir entre la realidad y la ficción de su máscara, asesina poseído por los celos, esa cumbre masoquista. Stephen King en su novela It decreta el miedo como sufrimiento, convoca al clown que nos espanta con su degradación, que nos obliga a reírnos con ese reflejo grotesco mientras nos negamos a desflorar nuestro sadismo. King se ensaña con nuestra cobarde obsesión de no ver nuestro traje blanco, de no caminar por el escenario y asesinar lo que imaginamos. La versión cinematográfica (2017) de Muschietti viste al payaso Pennywise de Puncinello, es el renacimiento del fantasma, de la pervertida relación con la humillación y la crueldad, nos ofrece la catarsis y asumimos que el circo, el payaso, nos dejan la ilusión horrenda de ser verdugos mientras somos victimizados.

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