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Sábado , 26.05.2018 / 15:34 Hoy

La última función de Enrique Ballesté

Teatro

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Alegría Martínez

Un actor que hace mutis permanente al margen de la lente televisiva se va sin ruido, como si su arte fuera menor. No hay grabaciones que nos regalen algún recuerdo de quienes trabajaron a su lado, ni filas de gente que quiera tocar su ataúd. Sin funcionarios ni guardia de honor, flores, fotos, ni homenajes, para quienes lo vieron sobre el escenario queda la impresión emotiva que dejaron su voz, su cuerpo, su alma y su mirada entregados a dar vida a decenas de personajes que no podrán vivir más sin su sangre.

Enrique Ballesté, dramaturgo, compositor, actor, músico y cantante, oriundo de la colonia Doctores en la Ciudad de México, nacido en 1946, falleció el pasado 19 de septiembre en San Luis Potosí, donde radicaba hace ya tiempo, y ensayaba, con la compañía El rinoceronte enamorado, Blackout de Jaime Chabaud, que estrenaría el 1 de octubre, y en la que interpretaría a un Rey Lear desmemoriado que se refugia en grietas de locura.

Su texto dramático Vida y obra de Dalomismo, que ganó el Premio Celestino Gorostiza en 1969, lo dio a conocer como autor. Desde joven, Ballesté entendió el teatro “como una acción que debe ayudar a la comunidad” y, abrazando metas políticas y sociales, fundó el grupo Zumbón.

Entrevistado en 2012 antes de la función de Papá está en la Atlántida de Javier Malpica, en la que a sus 66 años interpretaba a un niño, Ballesté habló de que el tiempo trascendió su objetivo: “La película Noviembre trata de lo que queríamos hacer desde que empezamos a actuar: cambiar el mundo con el teatro social. Y sí, podemos decir que ganamos huelgas, que incidimos en los movimientos, y que de alguna manera transformamos individualmente a la gente que nos ve”. Al decir nosotros, Ballesté se refería al actor Eduardo López, con quien entonces compartió escenario y que ahora estrenará Blackout.

En su recorrido por distintas ciudades, algunas madres llegaron a decirle que vieron su teatro cuando eran niñas y que ahora traían a sus hijos. “Entonces sentí la responsabilidad de Prometeo de llevar el fuego cada día y eso lo reivindica a uno desde la entraña. Nací para hacer esto, fui tocado. Por eso mi mamá, que ha sido a veces mi mecenas, me pide que sea bueno en lo que hago, y en mis hermanas me cobijo porque me dicen sigue, escribe, canta, actúa”.

“Cada función tiene su particularidad. Recuerdo mucho una, fuera de San Luis Potosí. Ya llevábamos cuatro horas de viaje y solo veíamos desierto. Después de un largo camino, se alcanzaba a ver por ahí una preparatoria. Los estudiantes estaban en la cancha de basquetbol con los suéteres en la cabeza y nos vieron llegar. Éramos dos hombres de la tercera edad, como esos viejitos que se presentan y uno no sabe si aplaudirles porque son viejos o porque son actores. Cuando terminó la obra, los estudiantes se me acercaron y me querían tocar. Ya no era yo el viejito, ya era el actor, el ser mágico que los dejó pensando: yo quiero hacer eso”.

Para Enrique Ballesté fueron muchos los frentes de combate. No solo el socialismo o el anarquismo sino la reconsideración de que todos tenemos derecho a estudiar, a ser, y a cambiar las condiciones, porque nunca se deja de aprender en México, que es una nación de teatro.

En una cárcel encontró hombres que habían ido a conseguir trabajo a Estados Unidos, como los padres del personaje que entonces representaba: “Podían ser los reos más peligrosos del mundo y a lo mejor dejaron a sus hijos, pero al ver nuestra obra percibían la oportunidad de arrepentirse, de saber que habían dejado algo muy valioso”.

Seguro de saber lidiar al toro gracias a los primeros años de su vida en que hizo teatro de calle, a sus 66 años Enrique Ballesté se sentía aún nervioso al entrar a un teatro bien equipado y presentarse ante una audiencia asidua.

Guardaba en su memoria una función en Xalapa, el Día Mundial del Teatro, cuando al final la gente no dejaba de aplaudir, porque, me confió con una sonrisa: “seguramente los jóvenes dijeron: mira, tenemos futuro; podemos llegar a esa edad y seguir haciendo teatro”.

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