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Domingo , 17.06.2018 / 19:47 Hoy

La Silla Presidencial: muerte y olvido para la Revolución

Desde la justicia que nunca llegó con la gesta armada, hasta la sonrisa socarrona de Villa y el gesto serio de Zapata, la Editorial Amanuense publicó esta pieza teatral, de venta en "El Astillero".

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Cecilia Rojas

El discurso oficial nos ha dicho desde la escuela, que las guerras que México ha vivido han sido para buscar la justicia. Para buscar la vida mejor.

La historia de estas gestas se ha convertido en aquellas aldeas Potemkin de Catalina La Grande: fachadas de cartón frente al desastre.

En el año 1985, el ex político Efraín Garza Flores escribió una obra de teatro en dos actos y con un epílogo.[OBJECT]

Bajo el título de "La Silla Presidencial", su texto entró a concurso y ganó el primer lugar. Entonces, los jurados, bajo la orden "desde arriba", la todo poderosa, tuvieron que declarar desierto el concurso.

Es un texto incómodo para quien se sienta en esa silla. Para quien defiende lo que representa.

Este 2016, Editorial Amanuense publicó en libro esta pieza teatral, en un rescate del olvido en el que se pudo haber quedado, como se han quedado miles de ideales, miles de injusticias.

Fue presentado la tarde de este viernes en la librería El Astillero, con la presentación de Fernando del Moral, don Alfonso Esquivel, y Germán Cravioto. Acompañados por tres revolucionarios con todo y fuscas.

Efraín Garza entregó al encargado del Museo de la Revolución una medalla que le fue otorgada por descendientes de Villa y Zapata en un coloquio en el que conmemoraron el seis de diciembre de 1914, la toma de la Ciudad de México por las tropas de los caudillos del norte y del sur. Esta medalla formará parte del museo.

La obra trata del episodio mítico en el que Pancho Villa y Emiliano Zapata se sientan en esa silla que es todo y no es nada. Pasó con ellos lo que en ninguna parte del mundo: se sentaron y se fueron.

Rusia tuvo su Revolución y Lenin se quedó en la silla. Otros países han vivido lo mismo. ¿Qué buscaban los caudillos?.

En una parte del libro se plantea un diálogo en el que los dos se ponen de acuerdo en acomodarse ahí "para ver que se siente".

¿Qué sintieron? Quien sabe. Nos queda la foto con la sonrisa socarrona de Villa y el gesto serio de Zapata, ambos agarrando sus sombreros, una mujer atrás de Villa, cuyo nombre se ha perdido en la historia, aunque tal vez alguien sepa quien es ella y sus cercanos, con gestos diversos, fascinantes.[OBJECT]

Lo cierto es que uno puede sentarse en un lugar sin quedarse ahí. Quizás para ellos, quizás, en ámbitos netamente especulativos, la silla era un mero símbolo. Un símbolo de poder. No de justicia.

Nunca de la justicia que la Revolución no nos hizo y que muchos aún esperan. El libro se puede encontrar en El Astillero.

Cabe mencionar que en la presentación, se regalaron algunos ejemplares, con dedicatoria de parte del autor.

JFR

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