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Viernes , 25.05.2018 / 10:47 Hoy

La probabilidad del amor

¿Existe esa figura a la que hemos dado en llamar “alma gemela”? Si es así, ¿vivió en otros tiempos o guarda la esperanza de finalizar la espera? La estadística tiene la palabra 


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Gerardo Herrera Corral

De acuerdo con la socorrida Wikipedia, un alma gemela es la persona con la que se encuentra una afinidad natural y profunda. Alguna gente cree que existe en el mundo un alma gemela para cada quien. Los más extremistas consideran que hay una y solo una persona señalada por alguna instancia misteriosa para ser la pareja perfecta. De ser así, encontrar al alma gemela es poco probable y quizá por eso mismo existen recomendaciones para ayudar a reconocer al verdadero amor lo más pronto y con la mayor eficacia posible. Aunque éstas pueden variar, lo más común tiene que ver con la mirada. Si las personas se sienten conectadas desde el primer momento en que los ojos se encuentran, si no son necesarias las palabras porque la comunicación se puede dar con solo mirarse, probablemente está usted ante su alma gemela.

En una entrevista, George Steiner decía: “Dante vio a Beatriz cuando ella tenía 9 años y eso fue todo… el universo entero… Y yo lo creo por completo. Tiene todo el sentido del mundo. La palabra griega es anagnórisis: el choque del reconocimiento, un cometa, un relámpago, la luz del sol en tu cuerpo. Esto pasa al dar la vuelta a la esquina…, uno entra en una tienda y ve la sombra de alguien en la pared.

“¿Puede ocurrir dos veces? No lo sé. Platón, Dante, Proust, grandes maestros de la meditación sobre Eros, sugieren que acontece solo una vez y que las experiencias posteriores son solo un compromiso, una mímica, imitación, una tentativa de revivir la misma experiencia”.

Consideremos pues que existe una y solo un alma gemela perfecta que nos ha sido asignada de manera aleatoria y que no seremos felices con nadie más.

¿Qué pasa entonces en un mundo donde hay un alma gemela para cada quien? La pregunta se la plantea Randall Munroe en su libro ¿Qué si? (What If ?), donde asume que el alma gemela es asignada al momento de nacer y que uno no sabe quién es, solo se puede reconocer por el instante en que las miradas se cruzan.

La primera inquietud que se viene a la cabeza es, por supuesto, si su media naranja aún vive. Pudo haber existido en el pasado pero no estar más entre la gente.

En 1995, Carl Haub (“¿How Many People Have Ever Lived on Earth?, en Population Today, noviembre–diciembre, 2002) hizo una estimación de la cantidad de gente que ha existido a lo largo de la historia. El cálculo es muy difícil empezando porque no sabemos cuándo exactamente apareció el ser humano. En su estimación consideró que nuestra especie tiene 52 mil años de edad —y probablemente se quedó corto—. Pero muchos de los que nacieron no pasaron del primer año de vida, no contamos con censos confiables. Con estimaciones educadas de todos estos problemas y muchos más, Haub estimó que en el transcurso de todos los tiempos han vivido 106 mil millones de personas. Aquí van incluidas las personas que vivieron solo por un instante —que no son pocas porque en tiempos pasados la mortandad infantil era grande—. Su alma gemela podría haber sido uno de los 99 mil millones que ya vivieron y no uno de los 7 mil millones que en este momento viven.

Las cosas en realidad son más complicadas para su legítima aspiración a la felicidad porque también debemos considerar la posibilidad de que el hombre o la mujer de su vida aún no haya nacido, y mire usted que cada año nacen en el mundo alrededor de 80 millones de personas. Es muy probable que este número disminuya con el tiempo, pero si consideramos que permanecerá constante, después de un siglo habrán nacido 8 mil millones más. Muchas morirán, pero también entre ellas podría estar la persona designada para usted.

Por todo esto mejor consideremos, como lo hace Randall Munroe en su libro, que su único y verdadero amor vive en el mismo tiempo que usted; más aún, pensemos que está en el intervalo de edad que le permitiría establecer una relación convencional. Ya con esto el número de candidatos se reduce a 500 millones de personas. Si además tomamos en cuenta la orientación sexual, la cultura, el idioma, entre otros, la cifra será menor aunque vemos que nos estamos alejando de la idea original de asignación aleatoria.

Sea como sea, la probabilidad de que se encuentre al amor verdadero es muy pequeña. La cantidad de personas con las que uno cruza la mirada cada día no es muy grande. Seguramente hay muchos días en que uno no cruza mirada con nadie nuevo y aunque usted llegara a cruzar la mirada con decenas de personas nuevas al día, si consideramos que el 10 por ciento de ellas estaría en el intervalo convencional de edad, entonces estimamos que a lo sumo habrá experimentado con 50 mil personas de las 500 millones que son potencialmente el amor de su vida. Es una exageración deseosa que alguien llegue a conocer a tanta gente.

¿Qué pasa entonces en un mundo donde hay un alma gemela para cada quien? La respuesta a la pregunta es desoladora: en un mundo así no existiría el amor verdadero porque las personas no se llegan a encontrar nunca. Esto es lo que nos dicen los cálculos que han intentado favorecer el encuentro. Por más que ajustemos los números para que las miradas se crucen, éstas no lo van a hacer.

Sin embargo, un hecho observacional es que en el mundo en que vivimos hay amor verdadero y, por tanto, esto del alma gemela no debe ser muy real.

George Steiner seguía diciendo: “No puedo imaginar mi existencia sin haber estado enamorado... Yo asocio amor con el tiempo futuro. No hay nada místico en esto. No sabemos si los animales conocen el tiempo futuro: el mañana. Nosotros sí. Podemos hacer cosas increíbles. Los astrónomos hablan de los próximos mil millones de años y tienen predicciones exactas. Usted y yo podemos hablar sobre el lunes en la mañana después de nuestro funeral, cómo será ese día, cuál será el menú en el restaurante de costumbre… ‘El tiempo futuro’. Estar enamorado es tener ‘tiempo futuro’. Es pensar que las cosas tendrán sentido mañana”.

Todos hemos sentido en algún momento “la mirada casual, origen de un cataclismo de amor que no termina nunca”. Todos llevamos en la memoria la imagen de unos ojos que nos miran. Pero muy pocos se encuentran con esa misma mirada cada mañana. Gabriel García Márquez, que sabía mucho de estas cosas, acostumbraba decir: “también el amor se aprende”.

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