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Jueves , 18.10.2018 / 16:15 Hoy

La posverdad

Una de las ideas fundamentales del filósofo Morris Berman es que los sistemas sociopolíticos son narrativas que, en el fondo, reflejan el modo fundamental de pensar de las distintas épocas.

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Una de las ideas fundamentales del filósofo Morris Berman es que los sistemas sociopolíticos son narrativas que, en el fondo, reflejan el modo fundamental de pensar de las distintas épocas, pues la forma en la que se organizan las sociedades, con sus reglas, jerarquías y asignación de los lugares correspondientes para sus distintos miembros terminan por convertirse en la plasmación de las ideas que pueblan las mentes de quienes conforman las sociedades. En ese sentido, por detestables que resulten los gobernantes, es ineludible reconocer lo ampliamente difundidos que se encuentran sus rasgos más repudiables, y no en un sentido de “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”, sino que la idiosincrasia muestra irremediablemente elementos compartidos.

Así, ahora que nos encontramos en una época que parece querer rivalizar con lo dicho por Cioran de que el siglo XX había sido inigualable en cuanto a los tiranos que había producido, las figuras políticas más odiosas sirven también como chivos expiatorios para culparlos de todos los males y poder quedar exentos de la parte en la que contribuimos a producir la realidad que vivimos cada día.

Ahora que cada vez se difunde más el concepto de la posverdad, que alude a que en el discurso público los hechos han cedido su lugar a las emociones, y las mentiras y falsedades más hondas se pueden repetir una y otra vez para gran deleite catártico de los feligreses de las distintas iglesias políticas del odio, el racismo, la desigualdad y la intolerancia, es interesante preguntarnos qué papel jugamos todos dentro de este decisivo acontecimiento. Si bien es cierto que los algoritmos de plataformas como Facebook se encargan de alimentarnos con las noticias que en el fondo sirven para legitimar lo que de todos modos ya pensábamos, también lo es que es quizá el momento histórico en donde tenemos más opciones para enterarnos de las cosas desde una inmensa multiplicidad de puntos de vista.

Entonces, cuando elegimos el camino fácil de acercarnos a los hechos mediante el sound bite o la noticia y el análisis digeridos, facilones, simplones, y nos entregamos a las emociones simples que corresponden a nuestra postura política predeterminada por el entorno al que pertenecemos, en realidad le estamos haciendo el juego a los personajes siniestros a los que nos complacemos en odiar. A la manera de “It Takes Two to Tango”, la proliferación de la posverdad es un juego que sin nosotros no podrían practicar los fascistoides del momento. Entonces, por minúsculo que sea, es un acto de resistencia intentar aproximarnos a los fenómenos desde una perspectiva correspondiente con la complejidad que manifiestan. Los likes y no likes nos pueden hacer sentir bien o mal, pero son un pobre sustituto de la capacidad crítica que ojalá pudiéramos empezar a desarrollar, antes de que ahora sí llegue el día en el que será demasiado tarde.

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