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Miércoles , 15.08.2018 / 07:00 Hoy

La política mata

Una actualidad recalcitrante que además lacera: la gente que sube al poder y no demuestra inteligencia, pierde piso y se corrompe.

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En 1948 Robert Rossen realizó Decepción —con ese título se estrenó en México—, que es una adaptación magistral de la novela Todos los hombres del rey, de Robert Penn Warren. Se trata de un trabajo serio sobre el realismo político estadunidense de los años cuarenta que ganó el Oscar por mejor película. Sin embargo, las autoridades hollywoodenses sospecharon que Rossen tenía conexiones con el comunismo y, por ende, fue perseguido. No tuvo más remedio que refugiarse en Europa, aunque después regresó a Estados Unidos para realizar dos obras maestras: El audaz y Lillith.

La historia de Willy Stark es narrada desde el punto de vista de Jack, un periodista que sigue los pasos del político incipiente y se vuelve testigo de todo lo que le sucede a Stark. Éste es de origen campesino y vive la represión de funcionarios de medio pelo que no permiten la libertad de expresión; para intimidarlo, mandan golpear a su hijo Tom y lanzan pedradas a su casa. A pesar del hostigamiento, Stark no se arredra y empieza a sonar en el ámbito público porque se jacta de que su gobierno se sustentará, como principio, en la honestidad.

Rossen condena la política; sabemos bien que no tenemos por qué pensar igual y que eso sería un desastre, pero cuando se habla de ella las opiniones encontradas encienden los ánimos, se pierden los estribos con facilidad y se llega al insulto. Por supuesto, no falta quien diga: “Mejor hablemos de otra cosa”. Por eso Decepción es un retrato impresionante, y no solo por los lamentables hechos que narra, sino porque es de una actualidad recalcitrante que además lacera, pues revela un tema latente que prevalece en el orbe: la gente que sube al poder y no demuestra inteligencia, pierde piso y se corrompe.

Ya como gobernador, Stark se transforma hasta llegar al cinismo más abyecto, pues su consigna política consiste en dividir para conquistar, pues el bien sale del mal aunque aleje de la verdad. El dinero de su campaña salió de los grupos a los que se opone, y cuando le preguntan si cree que eso estuvo bien, responde que haría un pacto con el diablo para ayudar a su programa de gobierno. Stark se hunde en el fango.

En el colmo de la vorágine política, Ana, la novia de Jack, se enamora de Stark. En las manos de Rossen, el acontecimiento es conmovedor porque lo desarrolla con frialdad, sin azotes, apegándose a una realidad donde la política es un monstruo que destruye el amor sublime y mata.

Decepción es una película irrepetible; parece producida ayer y hoy es fácil de conseguirla.

“Decepción” (Estados Unidos, 1949), dirigida por Robert Rossen, con Broderick Crawford y John Ireland.

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