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Domingo , 24.06.2018 / 11:47 Hoy

La poesía es palabra sagrada: Natalia Toledo

Hurgando en sus raíces, la poeta zapoteca está convencida de que los escritores en lenguas indígenas ven con mayor fuerza a la realidad cotidiana.

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Jesús Alejo Santiago

En los últimos años ha surgido una serie de escritores en lenguas indígenas que no abandonan la búsqueda de sus raíces, pero al mismo tiempo apuestan por establecer un diálogo con la literatura contemporánea, en especial a través de la poesía.

Una de ellas es la zapoteca Natalia Toledo (Juchitán, Oaxaca), quien más allá del apellido, se ha dado a la tarea de aprovechar su palabra materna para contar al mundo con una mirada doble, la que le permite su raíz y su pertenencia a una sociedad.

“Flor y canto es una forma que se tiene para nombrar toda esta oralidad, este trabajo que se ha venido haciendo, es como un lugar común, pero en el zapoteco mismo definimos a la poesía de distintas maneras; una de ellas es la más usada, que es ‘palabra flor’, una palabra que desprende aromas, lo que decía Paz: involucra los sentidos, un testimonio de los sentidos.

“Está la palabra como algo sagrado: todo lo que involucra al hombre desde su nacimiento, como la naturaleza, como el mar… tienen este sufijo que es ‘do’, que significa sagrado; hay una más que encarna verdad y poder. Desde el zapoteco del siglo XVI hemos visto esas acepciones para nombrar a este lugar común de una manera de cantar.”

Reflexiones que se dan a propósito de la aparición del libro Deche Bitoope / El dorso del cangrejo (Editorial Almadía, 2016), donde se concentran la reflexión, la oración, la celebración del instante, pero también la exploración de la infancia y hasta la memoria colectiva, como formas inseparables de conocimiento.

“Soy una curiosa y lo que más me gusta de escribir, aparte del ejercicio de sentarme, es la búsqueda en el idioma materno, buscar la raíz. Disfruto muchísimo cuando doy con algo que sé más o menos cómo se construyó, aunque no se vea totalmente en el poema, es un regalo que me hago a mí misma, porque me interesa saber qué estoy diciendo y cómo lo podría decir mejor en mi lengua.”

MIRADA DOBLE

Conocer su lengua materna, el zapoteco, le ha permitido a Natalia Toledo el establecer un contacto con su pasado, pero no se olvida de que también habla en español, una lengua que tiene sus propios sonidos y sus propias imágenes poéticas, lo que no deja de reflejarse en un volumen como Deche Bitoope / El dorso del cangrejo, donde se funden dos posibilidades “muy grandes de mirar a la vida”.

“Es un regalo que nos hacen desde la palabra hablada, narrada, platicada. La misma lengua es una búsqueda: la hablamos, pero no la hemos desmenuzado del todo, porque nuestra educación ha sido en español, ha sido occidental, y cuando te pones a escribir en zapoteco a buscar la raíz de la palabra, que no está más que en la palabra misma y en la memoria de los viejos —cuando queda gente que conoce alguna que otra palabra—, ahí es donde te das cuenta de la belleza de los idiomas y descubres una belleza infinita.”

Por ello, Natalia Toledo escribe su poesía en zapoteco y luego la traduce al español, casi como un compromiso personal, porque es en ese proceso donde alcanza a darse cuenta de qué iba su poema, “porque termino por ser mi materia”.

“El real problema lo encuentro cuando traduzco; por ejemplo, a William Blake, que lo hice para 10 proverbios del mundo, porque ahí hay desde conceptos que tienes que desmenuzar y buscar todas las vertientes para elegir una palabra. Ahí sí hay un compromiso en el que tienes que buscar la mejor manera para acercarte a esa poética tan especial.”

En sus caminos literarios, Natalia Toledo ha encontrado a nuevas generaciones de escritores en lenguas indígenas que se acercan de diferentes formas a la literatura contemporánea, jóvenes que están apostando por otro tipo de lenguaje, aun cuando al mismo tiempo siga presente la necesidad de contar la historia de su pueblo: “hemos bebido del conocimiento de los abuelos, de la oralidad”.

“Todos queremos volver a lo mismo, a hablar del pasado tan grandioso, pero también queremos ver qué hay con este presente, donde hay de todo, como lo hubo antes: toda esta materia viva que somos también está influyendo en los más jóvenes para hacer otro tipo de poesía y puedo mencionar a varios que están en otro canal, que hacen juegos, haikús, que hacen mucha denuncia.”

Han transcurrido muchos años desde que Natalia Toledo publicó su primer libro, tiempo en el que ha pasado por distintas etapas, “mis pasiones han cambiado”, dice la poeta: “He hecho cosas por gusto o por amor: por ejemplo, he escrito mucho sobre pintores, de sus obras, nada más viendo, para entender ese universo que tenía en casa, pero con otras formas, lo he intentado desde la poesía”.

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