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Viernes , 20.07.2018 / 15:57 Hoy

La niña, el gigante y el extraterrestre

Función Dominical

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Fernando Zamora

Steven Spielberg colaboró en la definición que llevaría a la Motion Picture Association of America al concepto de PG-13, etiqueta con la cual este organismo decide qué debe ver un niño que no ha llegado a los 13 años. Spielberg estrenó El Extraterrestre y en muchos de los que entonces teníamos 12 años hubo una revolución. El cine nos contagió. Tal vez habíamos escuchado hablar del E.T., tal vez nos había asombrado La guerra de las galaxias, pero esto iba más allá. Tocaba los temas que, en efecto, Spielberg interpreta como adecuados para niños menores de 13. No por ello dejaba de hablar de asuntos como eso que hoy llaman bullying y que antes era la vida real, ni de cierto erotismo que en El Extraterrestre se consuma en un primer beso en las aulas de secundaria.

Han pasado 30 años, y aunque los temas no son los mismos, tengo la impresión de que tener 12 años y ver El buen amigo gigante puede ser una de esas experiencias que te contagian de amor al cine. Para empezar, es una cinta entretenida, pero además tiene momentos de imaginación tan exuberante como esos sueños que fabrica el gigante con artes de perfumero.

Steven Spielberg tuvo una infancia agridulce, como la de todos, pero extrajo de ella cierto deseo de enfrentar retos. Cada película suya lo es. El buen amigo gigante se impone el reto de contar un cuento de hadas (o gigantes) a niños que hoy tienen acceso a internet. Evidentemente no tengo 12 años pero creo que lo logra. Ha conseguido llevar a la pantalla un clásico de la literatura inglesa, una novela que además, vaya casualidad, se publicó, el mismo año que se estrenó El Extraterreste, en 1982.

La novela de Roald Dahl es atractiva por irreverente, incluso por pueril. El clímax gira en torno a chistes de… flatulencias. Gases verdes que salen por el trasero de un gigante bonachón. No es mucho mejor que otras obras del mismo autor que han sido llevadas al cine con éxito: Charlie y la fábrica de chocolate o Jim y el durazno gigante, pero solo Spielberg ha conseguido hacer con material del escritor britanico una obra maestra. El director hace poesía con lo que era el relato más o menos simple de una niña que es raptada por un gigante que todo lo escucha. En cuanto a la irreverencia propia de Dahl, la escena más divertida gira en torno a la reina en Buckingham. Y hay gases. John Williams, músico de cabecera de Spielberg, le ayuda al director ofreciendo a la historia de Dahl profundidad donde la necesita e hilaridad donde antes solo había ligereza.

El buen amigo gigante es un filme magnífico por donde se le vea. Uno quisiera volver a tener 12 años para sentirse esta niña y, sin tener mucha idea de lo importante que es Spielberg en la historia del cine, dejarse atrapar por esta película. Ser esta huérfana que es en realidad la infancia del director, un niño al que molestaban en la escuela, a quien llamaban tarado y que hoy, como aquel extraterrestre de 1982, ha conseguido volver a casa: el cine para niños.

El buen amigo gigante (The BFG). Dirección: Steven Spielberg. Guión: Melissa Mathison, basado en el libro de Roald Dahl. Fotografía: Janusz Kaminski. Con Mark Rylance, Ruby Barnhill, Penelope Wilton, Rebecca Hall, Bill Hader. Gran Bretaña, 2016.
@fernandovzamora


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