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Domingo , 22.07.2018 / 03:58 Hoy

La luna de Valencia

El Santo Oficio

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José Luis Martínez S.

Eufórico y ecuménico, como decía el inolvidable reportero René Arteaga, el cartujo recorre Valencia. Camina por el viejo cauce del río Turia —ocho kilómetros de instalaciones culturales y deportivas y de jardines perfectamente cuidados— acompañado por la luna más hermosa y los pensamientos más extraños.

Motivo de históricas inundaciones, el Turia fue desviado por fuera de la ciudad. En su lugar surgió este paseo en donde el monje consigue olvidar, así sea por un momento, la preocupación por su pobre país, envuelto en las llamas de la intolerancia, la ineptitud y la corrupción —y con eso basta, para no exagerar.

De regreso a la posada donde pasa la noche, prende la televisión solo para caer fulminado: no solo los programas informativos de España, Francia, Gran Bretaña o Alemania se ocupan, con alarma, del trágico acontecer mexicano, sino también la televisora de Nicolás Maduro. En la pantalla aparece una conductora, seria y enfática, para anunciar la cobertura de las elecciones de este domingo a través del “seriado” Con la violencia a cuestas, “sobre la impactante realidad mexicana”. El monje se interesa y se queda frente al televisor. Ve ese y otros programas y descubre el paraíso construido por el chavismo en Venezuela: escucha a jóvenes universitarios elogiar al régimen, a viejos desgarrándose las venas por la revolución bolivariana, a obreros y amas de casa convencidos de las palabras y las acciones del presidente de su país. Se conmueve. Quién no quisiera un líder así en México, con quien la disidencia magisterial podría dialogar hasta llegar a los mejores acuerdos y los medios vivirían el esplendor de la libertad.

Con esta imagen en la cabeza no puede sino, a la mañana siguiente, reprocharle al periodista Elides J. Rojas, de El Universal de Venezuela, presente en el II Congreso de Editores auspiciado por la CELAC, su poca disposición a reconocer los logros y el carisma del enorme Maduro. En su ponencia ha denunciado la incapacidad del gobierno venezolano de aceptar la crítica y sus agresiones a los medios dispuestos a ejercerla. La televisora de Maduro cuenta algo diferente. Se refiere a una Venezuela en paz, blanco de mentiras y conspiraciones del imperialismo yanqui. Y uno ya no sabe a quién creerle: si al periodista o al mandatario a quien los pajaritos le hablan al oído.

En Valencia, tierra de Sorolla y Calatrava, bajo el calor intenso del incipiente verano, se discute la situación de los medios en Europa y América Latina y los peligros a los cuales están expuestos los periodistas. México es una referencia obligada en la materia; la imagen del país está empañada por la enloquecida espiral de crímenes y las protestas de normalistas y maestros —tan eficaces como para poner de rodillas a un gobierno sin imaginación y sin brújula.

En fin, desde la otra orilla, el fraile se asoma al espejo negro y se pone a rezar. Ojalá todo transcurra en paz este día.

Queridos cinco lectores, en una noche de luna llena, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.

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