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Sábado , 23.06.2018 / 18:14 Hoy

La literatura de Leñero, testimonio de su vida

Formado como ingeniero y periodista, Vicente Leñero fue un escritor que siempre reflejó sus experiencias en sus obras.

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Milenio Digital

"Todos los escritores lo que hacemos al escribir novelas es reinventar y contar nuestra propia vida, y para eso inventamos personajes", dijo Vicente Leñero hace apenas un año, cuando estuvo en la FIL de Guadalajara para presentar sus obras más recientes.

Los albañiles (1963), una de sus novelas más conocidas, es también una de las más autobiográficas. En aquella trama policiaca, donde los trabajadores de una obra en la Ciudad de México se convierten en sospechosos de un asesinato, Leñero puso también algo de su propia historia.

Para crear al personaje del ingeniero pensó en su padre: "fuerte, contradictorio, intenso", y él mismo se identificó con "el Nene", el hijo que era objeto de burla de los albañiles por su torpeza para seguir la carrera de su padre.

La figura paterna poderosa, retratada en la ficción, llevó a Leñero a inscribirse en la carrera de Ingeniería en la UNAM. La lectura siempre había estado presente en su vida y hacia el final de sus estudios decidió ingresar en la licenciatura de Periodismo. No le interesaba particularmente ese oficio, pensó que la Escuela Carlos Septién era un buen lugar para aprender a escribir.

Ya había comenzado a experimentar con los cuentos, pero su ascenso llegó con la publicación de su primera novela, La voz adolorida (1961), que posteriormente fue reeditada bajo el título A fuerza de palabras. Dos años más tarde, su segunda novela, Los Albañiles, le valió el premio Biblioteca Breve de Seix Barral.

Leñero continuó con la búsqueda de estructuras novedosas en sus historias. "En la literatura me perdí mucho en la forma. Me entró el nouveau roman (la nueva novela), que me llevó a muchas exageraciones", confesó alguna vez el escritor en una entrevista de la UNAM. Fue en esta etapa que escribió libros como Estudio Q (1965) o El garabato (1967).

Esa actitud crítica hacia su propia obra fue una constante a lo largo de su vida. Después de publicar su última novela, La vida que se va (1999), aseguró que abandonaría la literatura, como antes había hecho con el periodismo. Se quejó de su dificultad para escribir y de su falta de imaginación.

Sin embargo, en los años próximos publicó tres libros de cuentos: Autorretrato a los 33 y seis cuentos (2002), Puros cuentos (2002) y Sentimiento de culpa: relatos de la imaginación y de la realidad (2005).

Otra de sus obras emblema, Los periodistas (1978), surgió de su propia experiencia en el mundo de la prensa. La novela-testimonio narra el golpe al periódico Excélsior, que en 1976 llevó a la destitución de Julio Scherer y su equipo por parte de un grupo de cooperativistas apoyados por el gobierno de Luis Echeverría. Incluso Redil de ovejas (1972), un libro que gira en torno al fervor religioso, fue una especie de testimonio sobre la moral católica en la que fue educado el escritor.

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