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Jueves , 24.05.2018 / 00:55 Hoy

La línea dura

Reeditada ahora, cuarenta y cuatro años después, la novela permanece apetecible, frescamente leíble e interpretable desde cualquier punto de reflexión.

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Mauricio Flores

Sin cargar tintas, como lo dice una de sus voces narrativas, en La línea dura, una añeja novela de Gerardo de la Torre (Oaxaca, 1938), presenciamos la decisión de un joven por “la trascendencia mayor”.

Concebida en las postrimerías del 68 mexicano, la novela resumió a un tiempo (observamos mejor con los años) el desencanto de una juventud y su renuncia permanente a la solemnidad. “Moriré como guerrillero solitario”, declara Horacio, personaje vertebral; como también hace suyos los coloquios de “dipsómanos y drogadictos, apátridas, poetas y practicantes de toda especie de perversiones de la carne y el espíritu”.

Reeditada ahora, cuarenta y cuatro años después, la novela permanece apetecible, frescamente leíble e interpretable desde cualquier punto de reflexión. Como si hubiera surgido de la inventiva de De la Torre apenas hace nada. Sin dejar de lado las otras tres novelas y volúmenes de cuentos del autor, que lo ubicaron sin regateos en el colectivo de los mejores narradores mexicanos. Al que aportó la originalidad de temas y personajes permanentemente cercanos a la búsqueda del cambio social: obreros y jóvenes, y la siempre bienvenida algarabía (Muertes de Aurora, Viejos lobos de Marx, Nieve sobre Oaxaca).

Estructuralmente desafiante para las fechas en que se publicó (y puede que hasta nuestros días), La línea dura cuenta los últimos tres días de la vida de un “sastre humilde y menesteroso, pero con espíritu progresista y gran amor por la naturaleza”, previos a su partida a una chinampa de Xochimilco. Lugar al que finalmente llega “en el último tranvía” y al que declara como el “segundo territorio libre de América”.

Desde ahí, Horacio lanza una “proclama”, dirigida al “lumpenproletariado”, de antología hilarante y algo más… “Desde que somos chinorris el sistema nos tunde y nos aplasta. No tenemos chamba ni un méndigo pedazo de tierra. Ni médico que nos atienda ni techo que nos cubra ni perro que nos ladre. Vivimos lombricientos y muertos de hambre. Y si para alivianarnos le hacemos al dos de bastos, gorgoreamos en los camiones, pedimos limosna o escupimos lumbre en las esquinas, la tiranía nos apaña y nos pone preciosos ¡Ya estuvo suave!”.

Esta nueva entrega de La línea dura, confluencia de editores privados y gubernamentales, se presenta “sin cambios sustanciales”, suprimidos un par de chistes “que ya no tienen sentido” y borrados “los nombres de algunos amigos”, de acuerdo al propio De la Torre. Además con textos, de entonces, de Miguel Donoso Pareja y Enrique Jaramillo Levi; y de ahora, de Humberto Musacchio, Mónica Lavín, Silvia Molina, Alberto Huerta y Marcial Fernández.

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