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Domingo , 21.10.2018 / 06:19 Hoy

La imaginación sin límites de García Ponce en el Arocena

El Museo inauguró la exposición "Un impulso constructivo" del artista yucateco. Es la novena exposición de este año y la número 68 en diez años de existencia de este recinto cultural.

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El Museo Arocena inauguró este jueves la exposición "Un impulso constructivo" del yucateco, Fernando García Ponce. Es la novena exposición de este año para el museo, y la número 68 en diez años de existencia de este recinto cultural.

Sin dudas una exposición de lujo, pues García Ponce, a pesar de que el reconocimiento del arte gráfico nacional sigue siendo basado en los parámetros de Diego Rivera y contemporáneos, constituye una línea excepcional, algo sin tiempo en la obra visual.

Previo a la inauguración, Carlos García Ponce, hermano del pintor, impartió una breve charla en la que platicó acerca de la admiración que tiene por su hermano, quien nació en el año 1933, y como fue formando su visión gráfica.

"Antes de terminar la carrera de arquitectura, Fernando se fue a París. Quedó impresionado por Van Gogh, pero también por ese grandioso pintor cubista español. Juan Gris".

Deslumbrado por la belleza de las líneas, de aquello que pareciera ser sencillo, García Ponce, quedó fuera de las corrientes de la escuela mexicana, junto con otros artistas de la talla de Mérida, Gerzso, Tamayo o Soriano. Un tipo de arte que no solo se dejó ver en la pintura.[OBJECT]

Es evidente que las obras de García Ponce están influidas vastamente por una visión arquitectónica. Es como ver una ciudad desde arriba. Hay cuadros, hay líneas. Son piezas atemporales, pues son cuadros que pudieron haber sido terminados hace diez días. O hace 50 años.

"Nunca tuvo una estructura, pero el blanco le permitía hacer divisiones en cada obra. Como si fuera una pintura rural", destacó. No obstante, para el artista era en sumo difícil hablar de su propia obra. Y cuando le preguntaban, platicó su hermano, que qué era lo que quería decir en alguna, el contestaba: "¿qué ves?".

Así que cada crítica lo conmovía sobre manera, por lo que al final dejó de leerlas, de verlas, de pensar en ellas. Él, su hermano comenta, pintaba. Lo hacía y ya, sin que mediara per se algún tipo de sentimiento o intención.

A la par, Fernando tenía un respeto que no muchos profesan al artesano. El mundo gráfico se conforma del creador y el artesano. Se maravillaba y respetaba que alguien pudiera plasmar cinco tonos de negro, que alguien los lograra y el poder después plasmarlos en su obra, que en cada pieza abre un espacio para la imaginación, la imaginación sin límites de este hombre que fue de su tiempo, y que es del nuestro.




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