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Martes , 14.08.2018 / 09:45 Hoy

La ilusión de la guerra

En la mejor tradición de la escritura como microcosmos, Fountain consigue condensar en su narración de unas cuantas horas los elementos más desquiciados de la sociedad estadunidense contemporánea.

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En su libro El código del alma, el pensador junguiano estadunidense James Hillman explica que todos somos habitados por un daimon, o una potencia que encierra nuestro verdadero carácter y naturaleza, que a lo largo de la vida va desplegándose para finalmente terminar siendo quienes estábamos llamados a ser. Hillman expone en su obra numerosos casos para demostrar cómo los caminos para actualizar la potencialidad son sumamente diversos, pues así como existen ejemplos donde el daimon se manifiesta desde una edad muy temprana (Mozart como caso paradigmático), individuos como Quentin Tarantino pasan por un sendero más sinuoso, donde incluso por momentos parecen destinados a convertirse en un fracaso, asunto que, paradójicamente, en última instancia termina siendo también crucial para el despliegue de sus capacidades.

Ben Fountain, uno de los escritores estadunidenses más célebres del momento, decidió a los 30 años abandonar su lucrativa carrera como abogado para dedicarse de lleno a la escritura, sin haber publicado nada hasta ese momento. Su mujer apoyó la empresa, pero le dijo que si en verdad era una tentativa seria, debía concederle al menos 10 años al asunto. Diecisiete años más tarde de la decisión original, Fountain publicó su libro de cuentos Brief Encounters with Che Guevara, que se convirtió en un éxito instantáneo, y que fue seguido años más tarde por su novela El eterno intermedio de Billy Lynn (Contra Ediciones), ganadora de premios y recientemente llevada al cine por el afamado director Ang Lee. La novela transcurre en el estadio de los Vaqueros de Dallas, donde Billy y su escuadrón son homenajeados en el medio tiempo, tras haber llevado a cabo una gesta heroica durante la guerra contra Irak. En la mejor tradición de la escritura como microcosmos, Fountain consigue condensar en su narración de unas cuantas horas los elementos más desquiciados de la sociedad estadunidense contemporánea, al poner énfasis en la doble moral que al mismo tiempo que ensalza a las tropas y agradece que arriesguen sus vidas para que los ciudadanos puedan entregarse a una vida de libertades básicamente plasmadas en el consumo, los considera una carne de cañón cuya existencia debe preferiblemente ser confinada a los homenajes y a los días conmemorativos, para no tener que recordar a diario que las libertades propias dependen de la sangrienta dominación ajena. A lo largo de la novela, conforme es felicitado y vitoreado por ser un gran héroe, Billy no consigue sacudirse la sensación de falsedad, de hipocresía, pues en el fondo sabe que tanto la guerra como el partido de futbol americano y todo lo que lo rodea son un acto de fe un tanto perverso, que depende crucialmente de la aceptación sin grandes cuestionamientos, para que todos puedan seguir viviendo un estilo de vida que se sostiene simplemente por conformar una especie de ilusión colectiva: “Quieren creer con un inmenso fervor, Billy les concede al menos eso. Son tan fervientes como niños que insisten en la existencia de Santa Claus porque, si uno deja de creer en él, pues bien, entonces, ¿es posible que ya no traiga sus regalos?”

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