• Regístrate
Estás leyendo: La excesiva lucidez
Comparte esta noticia
Martes , 16.10.2018 / 01:14 Hoy

La excesiva lucidez

La novelista y dramaturga francesa Yasmina Reza se ha especializado en asomarse a las rasgaduras del velo de normalidad bajo el cual transcurren la mayoría de las existencias respetables.

Publicidad
Publicidad

En el magnífico documental A Pervert’s Guide to Cinema, Slavoj Zizek interpreta la escena inicial de Blue Velvet, de David Lynch —cuando el padre del protagonista sufre un infarto mientras riega el hermoso jardín de su casa ideal, y la cámara desciende para mostrar cómo debajo del césped hay montones de insectos repulsivos royendo sin cesar—, como un recordatorio de que debajo de las apariencias perfectas yacen en nuestro interior mundos y deseos oscuros que son en realidad los que a menudo motivan nuestra conducta. En consonancia con lo anterior, la novelista y dramaturga francesa Yasmina Reza se ha especializado en asomarse a las rasgaduras del velo de normalidad bajo el cual transcurren la mayoría de las existencias respetables. Si en El dios salvaje —obra de teatro magistralmente llevada al cine por Roman Polanski— escribió sobre la hipocresía y el resentimiento que mantienen unidas a dos parejas, en El trineo de Schopenhauer (Anagrama) explora una de las mayores tragedias sutiles que pueden sucederle a un ser humano: perder la capacidad de encontrarle sentido a la vida por exceso de lucidez.

Ariel Chipman es un académico experto en Spinoza que se sumerge en una depresión existencial profunda, misma que le impide continuar hallando satisfacción en su exitosa vida de coloquios, seminarios y publicaciones académicas, y pasa sus días rumiando el desencanto a partir de las ideas de Schopenhauer. Su mujer, Nadine, debe cargar con la descomposición del matrimonio, así como con la carga que supone afrontar la muerte espiritual de su pareja. En una escena memorable, cuando él no desea acudir a una celebración de Año Nuevo, pidiendo que le permita quedarse en casa a llorar, ella explota y lo golpea con una revista de filosofía, como simbolizando que la demasiada literalidad con la que su marido se ha abandonado a las ideas es la causante de sumirlo en el estado que les ocasiona tanta desgracia compartida. Durante una discusión, en un momento en el que él se derrumba al grado de aproximarse a un quiebre, casi le ruega que lo ayude mediante un gesto tan nimio como imposible de realizar, llegados a ese punto: “…ojalá sepas descifrar este movimiento oscuro, esta ínfima orientación del ángulo, te interesa la suerte del planeta y te doy la razón, los bosques, los animales, sí, los bosques y los animales me parecen muy bien, la vida del pensamiento fue un error, balas perdidas, nos pusimos para nuestra desgracia del lado de los eruditos, Nadine, querrías por favor echar tan solo una ojeada al animal que yace a tu lado”.

Y ella, en cambio, frente a la sobredosis conceptual que los devora, le suplica a su marido que por lo menos le permita a ella continuar aferrándose a encontrarle sentido a los gestos cotidianos que componen la existencia: “…yo creo en la frivolidad, es una suerte que tengamos la frivolidad, la frivolidad nos salva, me sorprende que no comprendan esa superioridad que nos da el ser salvadas por la frivolidad, quiero decir, literalmente salvadas por la frivolidad, el día en que la frivolidad nos abandona, nos morimos…”

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.