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Domingo , 23.09.2018 / 13:46 Hoy

La era de los "yahoos"

A la usanza de los yahoos, compiten con sus adversarios a partir de arrojar mierda en la forma de mentiras, insultos y descalificaciones, y es cada vez más irrelevante si sus invectivas cuentan con algún tipo de respaldo anclado en la

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La infancia es indudablemente el periodo de la vida humana más propenso a la idealización, pues suele equipararse a una vida libre, despreocupada, inocente, que poco a poco se va corrompiendo conforme las normas socioculturales se apoderan de nuestras almas, hasta producir ese espécimen siempre un tanto asqueado de sí mismo conocido como adulto. Incluso Nietzsche la utilizó como modelo para una vida adulta ideal en su conocida máxima: “Madurar es recuperar la seriedad con la que se jugaba cuando niños”.

Sin embargo, una cosa es la inocencia de la infancia como tal, y otra muy distinta la infantilización de la edad adulta, pues en este último caso lo que a menudo sucede es una desagradable combinación entre una suficiente introyección de las normas y costumbres como para poder formar parte de una comunidad, con un comportamiento caprichoso, impulsivo, que exhibe muy poca tolerancia a la frustración, y encuentra en el insulto y en el mecanismo de siempre culpar a los otros de los propios males la excusa perfecta para evitar cualquier tipo de introspección y de autocrítica. Quizá nadie retrató de manera tan aguda esta tendencia humana como Jonathan Swift, con los yahoos que aparecen casi al final de Los viajes de Gulliver, esas criaturas con forma humana que se regodean en la avaricia de las piedras preciosas que encuentran enterradas, y que viven arrojándose mierda desde los árboles para dar cauce a su agresión. El propio Gulliver se siente mucho más en sintonía con esos caballos superdotados llamados houyhmnmns, y vive con gran tristeza el destierro que sufre por su indudable parecido con los monstruosos yahoos.

El correlato político de lo anterior lo encontramos en el galopante imperio de figuras infantilizadas, narcisistas, agresivas y caprichosas, que consiguen encumbrarse a partir de apelar a los sentimientos de destitución que experimenta la enorme mayoría que vive bajo una gran precariedad en nuestras sociedades neoliberales. A la usanza de los yahoos, compiten con sus adversarios a partir de arrojar mierda en la forma de mentiras, insultos y descalificaciones, y es cada vez más irrelevante si sus invectivas cuentan con algún tipo de respaldo anclado en la realidad. Como recién mostró el fenómeno del brexit, una vez que se ha causado el daño siempre se podrá reconocer que la campaña en realidad se basó en mentiras abiertas y en teorías descabelladas, y lo más sorprendente es que sus propios seguidores no muestran ninguna señal de ultraje ante la admisión del engaño. El ciclo continúa y no tardará en aparecer la nueva causa que apele a los impulsos más abyectos, para movilizar el odio y el resentimiento hacia un nuevo chivo expiatorio al cual culpar de los males que en realidad son producidos por el propio sistema como tal.

Entre tanto, cada día hay una nueva noticia escalofriante, una nueva muestra de violencia indiferenciada que se cobra vidas y vidas de inocentes, confiriendo un carácter profético a lo cantado en “The Future” por Leonard Cohen desde 1992: “I’ve seen the future, brother/It is murder”.

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