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Martes , 16.10.2018 / 06:22 Hoy

La cruzada por el artificio

Casta diva


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El realismo total no es una finalidad del arte, pensaban en el tránsito de la Edad Media al Renacimiento. Los artistas que inventaron las construcciones ordenadas, ubicadas dentro de escenografías que simbolizaban sin describir, argumentaban que el arte era una creación intelectual sobre la realidad que no pretendía ser la realidad misma. Los manuscritos medievales ilustrados por artistas profundizaban en la literatura, el lenguaje simbólico que podía leerse, no buscaban atraparnos con el engaño visual, conservaban la congruencia sin desprenderse del artificio, es idea pura.

En el Museo Blanton de Austin, Texas, exhiben una selección de páginas de la Crusader Bible, que pertenece a la Morgan Library. En otra sala del museo estaba una patética muestra del obsoleto y demodé arte de los noventas, a la entrada tenían un exhibidor de audio casetes con hits de la época, obra del diseñador gráfico Steve Vistaunet, su gran cuerpo de obra lo integran 7 mil casetes que él mismo grabó y les dibujó las portadas, con este monumental homenaje a su ociosidad adolescente ha pasado a la Historia del Arte, y hoy lo exhiben como un dinosaurio noventero.

El contraste en las dos exposiciones era entre una venta de garage y lo invaluable. La Crusader Bible fue realizada por siete artistas desconocidos, comisionada en el año de 1240 por el rey Luis IX de Francia, en sus 700 años de vida continúan impecables la nítida línea del trazo y las tintas de los dibujos. La narración de cada una de las historias es fidedigna al texto y sin embargo es imaginativa, la síntesis de los elementos y personajes configura un códice y un mural, la épica emocional y la ficción se replantean con rasgos de la época, como vestuario, arquitectura y armas. La compleja composición de las batallas, que Rubens llevó al extremo cinematográfico, en estas obras está perfectamente planteada, trazada con una limpieza que podría animarlas. La inserción de elementos de la época para narrar una historia antigua se convirtió en un canon del arte que definió su carácter intemporal, la trasposición de un lenguaje que va más allá del testimonio para ser eterno. El contenido seminal atañe a los seres humanos de todas las épocas, es lo mismo que experimentamos al ubicar una obra de Shakespeare en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, o las tragedias griegas que pasan entre los siglos con su perenne poesía. La intemporalidad es posible porque a pesar de que citaron armamento y vestuario de la época no hicieron una mimesis de la realidad, los dibujos, el color y la composición están concentrados en los elementos esenciales al relato. La realidad no es selectiva, es un abigarramiento indiscriminado de objetos, personas, luces, colores, para conseguir esta pureza fue necesario discriminar y eliminar todo lo que no fuera indispensable y conservaron lo que definiría y determinaría una anécdota o un personaje. La perspectiva que usan, aquí podemos ver que no es un invento del Renacimiento, da orden y consecución para que la escena sea apreciada en su totalidad. Los artistas rompen el cuadro que alberga al dibujo y expanden en los márgenes las batallas, los caballos, catapultas, enfatizando que la narrativa no es lineal, es simultánea, que la perspectiva no es física, es temporal, el túnel de la acción se abre a la continuidad. El límite del arte no está en el tiempo, está en la inteligencia, en el talento de los artistas, perdura la belleza mientras la decadencia es el cadáver de la moda.

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