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Martes , 25.09.2018 / 02:24 Hoy

La crueldad tiene la palabra

A fuego lento

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No soy de los que arrinconan a Carlos Velázquez en la llamada “literatura del norte”. Cierto es que nació en Torreón y que su estilo conjuga el habla tradicional y las variaciones idiomáticas que impone la convivencia con el inglés en las zonas fronterizas pero su impacto traiciona las limitaciones de la esfera local.

Despojados así del localismo podemos gozar en verdad de los seis cuentos que reúne La efeba salvaje (Sexto piso, México, 2017). En su variedad de miras está una de sus grandes virtudes. Puede adoptar la forma del terror (“El resucitador de caballos”), la pesadilla mórbida (“Mundo death”), el esperpento sentimental (“This is not a love song”), el trazo costumbrista (“Muchacha nazi”). De modo que apunta sus baterías a muchos blancos, siempre difíciles de enfocar.

Que Carlos Velázquez haya renunciado a la unidad confirma que ha dejado de ser un escritor que solo se siente cómodo en la parodia de las relaciones amorosas inevitablemente destructivas o de los convencionalismos que impone el trato con los demás. Quiero decir que ya parece dueño de un punto de vista que acaba con la maldición de ser etiquetado como nada más que un provocador.

Pero no vaya a creerse que Carlos Velázquez ha dejado en el abandono al Carlos Velázquez de La Biblia vaquera. Es ese mismo, solo que refinado. Sabe ahora en qué momento soltar el golpe y no dejarlo ir por la mera consigna de encender los ánimos, sabe establecer mejor un ritmo que no solo se fía de su capacidad para enloquecer al idioma español, sabe conducir un argumento recurriendo a veces a la velocidad y en otras a la paciencia. Consideremos, por ejemplo, “This is not a love song”, en el que se entretiene torturando a su protagonista, un gordo descomunal que aumenta de peso en la medida en la que está enamorado y que baja cuando su novia vuelve a mandarlo al carajo. Velázquez dosifica muy bien esas subidas y bajadas, que no son otra cosa que las respuestas a la sumisión y el auto engaño, y manipula los sentimientos del lector, que se debate entre la simpatía y el desprecio. Dosificar, manipular: las estrategias narrativas de aquellos que han aprendido a ser inmisericordes.

La efeba salvaje me ha dado la certeza de que Carlos Velázquez ha dejado atrás su estampa de bravucón. Ha aprendido a ejercer la crueldad sin necesidad de incendiar el escenario. Creo que por fin sabemos quién es en realidad.
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