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Lunes , 16.07.2018 / 09:03 Hoy

La crítica: Tribu itinerante

Una novela que incorpora los mecanismos del thriller y que se resuelve hasta las últimas páginas apunta (en voz de uno de sus personajes) a las esencias de la literatura.

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Mauricio Flores

Nueva York era ya el sitio cosmopolita por excelencia. Sin importar que el país viviera tiempos de violencia, confederados contra unionista, antecedente que permitiría la conformación de uno de los más poderosos imperios de la Historia. Hasta allá llegaron los asuntos de otro país, México, también en la búsqueda de una personalidad propia, y extendiendo desde ahí sus esfuerzos para derrotar a las fuerzas que entonces lo mantenían ocupado. Es en la gran ciudad, "todo se vende aquí, todo se compra", donde convivirían un grupo de liberales fieles al presidente Juárez, parte de su familia también, esperanzados en las solidaridades del otro y la discreción propia. Ahí, en la isla que "rinde homenaje al animal de cuya entraña se obtiene aceite que ha proporcionado la luz más pura a casas de Manhattan, ámbar gris para fijar perfumes, lubricante que aumenta la precisión en los relojes", donde (y desde donde) Vicente Quirarte (Ciudad de México, 1954) ubica su nueva novela, La isla tiene forma de ballena, una exaltación dirigida a diferentes puntos y personajes de la historia.

A la esposa del Presidente peregrino, a quien el infortunio le convence de que "es tiempo de ser humilde"; al grupo de liberales, ambiciosos, atrabancados, silenciosos, eficaces, letrados, que no escatimaron los riesgos del destierro y la clandestinidad; a las aleatorias presencias artísticas de Melville, "hombre de barba que consultaba muy serio la sala de mapas", y Poe, "el inventor de un nuevo género, el investigador que se enfrenta al enigma y lo resuelve" y que tuvo entre los juaristas a uno de sus primeros traductores; al Presidente que se quedó en el ya menguado territorio mexicano, el "Sereno", que no "Cereno", como le llama la esposa ausente, "el imperturbable, el único con quien me volvería a casar aunque a veces me pregunten si no es muy sufrido ser esposa de alguien como tú en circunstancias como ésta"; y hasta Fernando del Paso, "mi maestro", dedica Quirarte, sin duda el novelista más conocedor de la época retratada ahora en La isla tiene forma de ballena.

Una novela que incorpora los mecanismos del thriller y que se resuelve hasta las últimas páginas, y que si bien se nutre de la historia antes conocida, apunta (en voz de uno de sus personajes) a las esencias de la literatura: "...es zozobra, inquietud, transformación. Letra que no vulnera no es digna de ser leída". Como también sugiere, desde la misma literatura, el magnicidio de esos años, "hoy todo el mundo tiene derecho a divertirse. Al menos, siente que ha ganado el derecho a divertirse. Hasta el presidente Lincoln va ir al teatro". Y que tiene su fin al destacar el cumplimiento de las tareas trazadas por liberales y familia, antes de emprenden el viaje de regreso. "Creo que esta será la última carta que te escriba desde Nueva York y a lo mejor llega después que nosotros, tu tribu itinerante. Sé que al encontrarnos tú y yo nos vamos a abrazar largo y tendido, esté quien esté. Lo que no sé es cómo voy a hablarte de nuestros hijos muertos".

El próximo 3 de marzo a las 19 horas en Donceles 104, Centro Histórico de la Ciudad de México, Vicente Quirarte será recibido como nuevo miembro del Colegio Nacional.

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