• Regístrate
Estás leyendo: La crítica: Teatro: 'La belleza'
Comparte esta noticia
Viernes , 19.10.2018 / 11:20 Hoy

La crítica: Teatro: 'La belleza'

 El término es "cualquiermierdismo", y sirve para clasificar los costales de ocurrencias e impunidades que de pronto inundan un escenario.

Publicidad
Publicidad

Hace algunas décadas, los grandes maestros colombianos Enrique Buenaventura y Santiago García peleaban por la paternidad de un concepto superior, una palabra compuesta, un término técnico-científico que ayudaba a definir ciertas cosas que ocurrían en los escenarios de su país pero perfectamente aplicable a muchas partes. El término es "cualquiermierdismo", y sirve para clasificar los costales de ocurrencias e impunidades que de pronto inundan un escenario, pero que por tener un bañito de coartada de contemporaneidad deben y tienen que salir indemnes del escrutinio del ojo crítico. Sin duda en México, en su teatro, ocurren hoy muchas cosas trascendentes fuera del hacer tradicional, y si no tenemos miras estrechas podemos sorprendernos y maravillarnos. Sin embargo, la coartada de la novedad produce mucho cualquiermierdismo sin que medie un proceso crítico y mucho menos autocrítico.

Es por ello que nos encontrarnos con una pieza que no pretende otra cosa que la de honrar la tradición, plenamente dramática, con actuaciones "teatrales" con el filo de un cuchillo de carnicero y que, con una dirección de escena precisa y preciosista, se vuelve una rareza. Hablo de La Belleza, de David Olguín, que tiene temporada hasta el 10 de abril y que nadie debiera perderse bajo ninguna circunstancia. El portentoso trabajo de este autor-director y de sus intérpretes Rodrigo Espinosa, Mauricio Pimentel y Laura Almela —que ponen algo (mucho) más que el cuerpo—, así como la escenografía e iluminación de Gabriel Pascal, resultan en una demostración magistral de por qué el teatro, en las formas más diversas, está más vivo que nunca.

David, apasionado por la historia de México y sus recovecos menos observados (Belice, Bajo tierra, etcétera), se fascina y nos fascina con la historia de Julia Pastrana, una mexicana con el síndrome de hipertricosis lanuginosa (mujer simio, lobo, oso, puercoespín) que fascinó en el siglo XIX a la Europa darwinista. Julia nació en Santiago de Ocoroni, Sinaloa, en 1834, y fue vendida en más de una ocasión a circos que la exhibían como fenómeno. Theodore Lent, un empresario de ese espectáculo, se casa con ella y asume una relación de control-poder-amor-negocio. En esta bellísima obra Olguín pone sobre el tapete de las discusiones el concepto de belleza y la diversidad de pasiones que pueden habitar al ser humano fuera de los cartabones canonizados.

Contra el cualquiermierdismo (incluidas obras clásicas, conste) que se deja ver de pronto en cartelera, produce un placer enorme encontrarse con una pieza de relojería suiza que pasa por la poesía, la inteligencia y el rigor.

Teatro El Milagro, Milán 24, colonia Juárez. Jueves y viernes 20:30, sábado 19:00 y domingo 18:00.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.