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Domingo , 21.10.2018 / 18:45 Hoy

La crítica: Quijotesca

"Monseñor Quijote" es un viaje al mundo hispano, admirado por el propio novelista, en la coyuntura de nuevos tiempos: los años que siguieron al fin de la dictadura franquista.

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Como en otras de sus obras narrativas, en Monseñor Quijote, una de las últimas novelas escritas por el británico Graham Greene (1904-1991), encontramos una mixtura de personajes, valores, tradiciones y recursos que la hacen altamente gozosa. Más porque reivindica el universo cervantino, quijotesco, desde donde se brinda homenaje al gran autor de cuatro siglos atrás. Símil de aquellas gestas literarias, al grado de que su personaje central se reivindica heredero del Quijote, que no de Cervantes, Monseñor Quijote es también un viaje al mundo hispano, admirado por el propio novelista, en la coyuntura de nuevos tiempos: los años que siguieron al fin de la dictadura franquista.

Franco ha muerto. La democracia española se construye en todos los frentes. La convivencia de prácticas e ideologías es posible. Un cura de provincias (padre Quijote), no muy consentido en la jerarquía eclesiástica, conoce a un derrocado alcalde comunista apellidado Zancas, "igual que el Sancho Panza original del relato verídico de Cervantes". Tras un primer altercado en su lugar de origen, ambos emprenderán un periplo por la geografía española en el que compartirán afirmaciones y dudas, desengaños y convicciones, en un destartalado Seat 600 (Rocinante) cargado de mucho vino.

Supondrá el lector las "extrañas aventuras" experimentadas. El lazo fraterno que se entreteje con fuerza entre los viajeros. Los coloquios de uno y otro, pero también el amistoso silencio: "silencio en el que sus sueños tuvieron espacio para crecer". La decisión de compartir no una fe sino los sentimientos de duda, "premisa" de unión entre los hombres. Insistencia del novelista en la totalidad de su obra.

En tanto seres derrotados ("los que siempre fracasan se encuentran más cerca de Dios que nosotros"), Quijote y Zancas concluirán su viaje no sin antes sortear una última aventura con unos mexicanos que echan todo a perder ("supongo que Pancho Villa se ha levantado de entre los muertos y está saqueando Galicia"). Mostrando en el escenario final "la complicada distinción entre realidad y ficción", cuño de la obra cervantina que Greene venera, y la revelación de sentimientos como el cariño y el amor.

¿Cómo es posible que los odios de los hombres hacia otros hombres puedan morir en tanto unos u otros mueren?, se dice en el esperado desenlace. No así el amor y el cariño de unos por otros, aun cuando haya una separación y un silencio finales.

"¿Hasta cuándo", se pregunta Zancas con cierto temor, "era posible que ese amor suyo (por Quijote) sobreviviera?".

En Monseñor Quijote, traducción de Fernanda Melchor y prólogo de Antonio Ortuño, novela que permanecía fuera de todo catálogo editorial desde hace unos 30 años, volveremos a leer aquello de "la espada, se lo suplico, pero no la muerte a alfilerazos".

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