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Viernes , 22.06.2018 / 02:51 Hoy

La crítica: Música: Nachos

Nacho: sin proponerte formalmente, fuiste el Virgilio en música de aquél hermano cinco años menor que tú.

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Xavier Quirarte

Nacho: sin proponerte formalmente, fuiste el Virgilio en música de aquél hermano cinco años menor que tú. Le inoculaste el amor por la radio, los discos, la alta fidelidad como materia prima del sonido —no del amor— y la pasión por grupos como Los Beatles, Los Kinks, Los Rolling Stones, Los Rebeldes del Rock y Los Locos del Ritmo (después vendrían Los Doors, Jimi Hendrix, Canned Heat, Led Zeppelin y otros).

Pero había también otro mundo, el de la música de concierto: Bach, Beethoven y Mahler, sobre todo. En el momento en que salía don Martín, te apropiabas de la consola que, en su puerta izquierda, por dentro, tenía una imagen del perro blanco que proclamaba: His master's voice. A todo volumen pintabas la casa con música, con la anuencia de doña Luz, madre protectora.

Crecieron y vinieron las relaciones intergeneracionales con los amigos de la secundaria y la preparatoria y, por ende, la posibilidad de abrir las puertas a nuevas músicas, abrazar otras esferas. Llegó el tiempo de escuchar con mayor conciencia, de compartir hallazgos, de refutarlos o reafirmarlos, de saber que la música decía mucho. Ya casado, también fuiste Virgilio de tu Nacho —y de sus hermanas—. Beatlero de niño, ahora Nacho es beatlero adulto, pero sobre todo le ha apostado a la música negra: es músico y toca en La Blues Band, que hace días presentó su primer disco. Aunque es más preciso decir que la música lo toca a él: ya en la voz, ya en el piano o en la guitarra, es evidente que he's got the blues.

Pero ya no puedes escucharlo, al menos terrenalmente, porque hace muchos años te fuiste (no es este el lugar para hablar de las circunstancias). Sin embargo, debes estar orgulloso: las enseñanzas informales han dado frutos en tu Nacho. Y también en tu hermano que, hace unos días, escuchó a Beethoven con el ensamble Anima Eterna y entendió muchas cosas que entonces no había comprendido, despertó pasiones que creía dormidas o desterradas.

En el Teatro Juárez de Guanajuato, al amparo de una música que sonaba cristalina y pura, como si se fuera inventando al momento de ser tocada, tu hermano menor pensaba en los lazos que en algún momento de la vida se tensaron, pero nunca se rompieron.

Y se convenció de que el vínculo de unión es la música, como debe suceder con Nacho respecto a quien le dio la vida y el nombre.

"No basta con oír la música; además hay que verla", decía Stravinski, lo que explica que en estos días han ocurrido cosas que han iluminado a ese hermano menor cuando veía oscuridad. Por ello no deja de darte las gracias, Nacho, hermanado en la música.

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