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Jueves , 19.07.2018 / 01:43 Hoy

La crítica: Música: Música sin destino

Los padres del pianista Jay McShann (1916-2006), como tantos otros en el mundo, desaprobaban el hecho de que su hijo quisiera ser músico, sobre todo cuando hacía falta dinero en casa.

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La crítica

Los padres del pianista Jay McShann (1916-2006), como tantos otros en el mundo, desaprobaban el hecho de que su hijo quisiera ser músico, sobre todo cuando hacía falta dinero en casa. En una ocasión salió de viaje y les dijo que regresaba pronto, pero la gira se volvió tan larga que sus padres ya lo buscaban por todas partes. Esperaban su regreso, listos para darle una golpiza por desobediente, recordaría el músico en una entrevista.

Cuando estuvo de vuelta, de inmediato empezaron los reclamos, pero McShann no decía nada. "Simplemente señalé el dinero que me habían pagado y seguía sacando dinero de los otros bolsillos. Después de un rato, mi viejo dice: 'Oye, muchacho, ¿vas a trabajar esta noche?'. Yo le respondí: 'Sí', entonces dijo: 'Lleven a este muchacho a la cama, no lo molesten y llévenle algo de desayunar. Déjenlo que descanse porque en la noche tiene que trabajar".

Además de proveer económicamente a su familia, McShann le dio al mundo un legado que ahora es celebrado en el ámbito del jazz. Fue de los primeros músicos que accedieron al Paseo de la Fama del Jazz Americano en Kansas City. Además del pianista, el honor correspondió a Count Basie, Mary Lou Williams, Charlie Parker, Pat Metheny y Bobby Watson (por cierto, a McShann le correspondió el mérito de haberle dado a Parker la oportunidad de grabar su primer disco).

Sus méritos, dijeron los promotores de esta iniciativa: ser un músico "que podía tocar todo lo que quisiera en el piano y cuando tocaba el blues no había lugar para competidores". Para celebrar su centenario, hace algunos días el American Jazz Museum de Kansas City organizó un concierto en el que participó el grupo del saxofonista Bobby Watson, pero no se celebró un acto de mayor envergadura.

El pianista y cantante fue el líder de una de las bandas más excitantes del jazz de Kansas City en los años cuarenta, en la que militaron músicos tan conocidos como Parker, Ben Webster, Paul Quinichette, Earl Coleman, Jimmy Witherspoon y Al Hibbler. Después de la caída de las grandes bandas dirigió grupos pequeños en los que el blues, el jazz y el boogie woogie convivían en perfecta armonía.

Músico longevo que trabajó hasta inicios de los noventa, Jay McShann dijo en alguna ocasión que siempre había sentido que "el jazz nunca ha tenido un destino. Alguien hará algo y diría que es un producto terminado, pero tú no haces lo mismo con el jazz. Siempre te das cuenta que los músicos nunca están satisfechos".

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