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Miércoles , 26.09.2018 / 10:58 Hoy

La crítica: Libro: Guerrillas

Guerra de guerrillas, novela de la guerrerense Marxitania Ortega (1978), permite adentrarse en las motivaciones más personales de los protagonistas, directos e indirectos.

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México ha sido un país de guerrillas. En la Independencia y la Revolución. Luego en su llamado desarrollo estabilizador y los años de las instituciones y la apertura.

Hace unos días, Marco Rascón recordaba en estas páginas el surgimiento de la más moderna versión de este fenómeno social. 50 años atrás, "ante un sistema electoral fraudulento y la simulación", cuando un grupo de maestros y campesinos "decidieron iniciar un proceso revolucionario que marcaría un parteaguas en las luchas de los años siguientes". El conocido asalto al cuartel militar de Madera —¿verdaderamente inserto en la memoria histórica?— en la sierra de Chihuahua. Experiencia, prolongada hasta iniciados los años 80, combatida y aniquilada por el poder estatal, aunque también por sus contradicciones internas.

Es de esta plataforma de la que surge Guerra de guerrillas, novela de la guerrerense Marxitania Ortega (1978), y que correspondiendo a un logrado ejercicio en dicho género literario, permite adentrarse en las motivaciones más personales de los protagonistas, directos e indirectos. De unos hechos, entretejidos por la relación entre el padre y la hija, que bien pudieran inscribirse en los terrenos de la razón o la fe, aunque siempre alimentados de la filosofía de sus protagonistas que, como leemos en sus intensas líneas, "bien utilizada es un arma infalible de seducción".

Inmersos en los dilemas de la transformación individual y del cambio revolucionario, padre (Antonio) e hija (Sara) recorren sus caminos. Él sorprendido ante el "campamento de campesinos descamisados"; ella incrédula ante "cualquier sistema de pensamiento". Ambos lejos de su país, en el París universitario siempre receptivo al otro, con todo y los escasos cambios experimentados durante siglos "por más que aleguen los constructivistas". La misma ciudad que les servirá para exorcizar soledades y odios (el odio que "si no mata te pudre el alma").

Destacadamente ya inscrita en el conjunto de novelas que recrean la última experiencia guerrillera mexicana (con autores como Salvador Castañeda, Carlos Montemayor, Héctor Aguilar Camín, Fritz Glockner) Guerra de guerrillas plantea además un tema recurrente de la narrativa mexicana. La interminable búsqueda del padre ausente. Ahí la imborrable pregunta de Sara (hija) respecto a Antonio (padre): "¿debería admirarlo por haber sacrificado su vida y la nuestra por la revolución o debería odiarlo por abandonarnos?".

¿Idealizar al padre como un mártir o denostarlo como un irresponsable que abandonó los deberes familiares por un espejismo?

Preguntas que como la buena novela que es Guerra de guerrillas —"historia de ayer con gran actualidad en el presente", parafraseando a Rascón— no responderá.

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