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Jueves , 19.07.2018 / 16:09 Hoy

La crítica: Laberintos de corales

El Colegio Nacional reedita, con ilustraciones a color del autor, Sonetos del amor y de lo diario, que tiene su historia.

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Mary Carmen Sánchez Ambriz

Como hace un año, cuando cumplió ochenta, ésta será otra gran semana de abril para Fernando del Paso (Ciudad de México, 1935): viajará a España para recibir el Premio Miguel de Cervantes Saavedra. Mientras tanto, casi toda su obra tiene presencia en librerías, excepto Linda 67: historia de un crimen (1995), que acaso rescatará pronto el Fondo de Cultura Económica, en donde ya se publicaron sus otras novelas: José Trigo (1966), Palinuro de México (1977) y Noticias del Imperio (1987).

A propósito del premio, El Colegio Nacional reedita, con ilustraciones a color del autor, Sonetos del amor y de lo diario, que tiene su historia; debe decirse que lo primero de su pluma en ver impreso Del Paso, en 1958, fue un pequeño tomo de los Cuadernos del Unicornio que se tituló Sonetos de lo diario. Se imprimieron 400 ejemplares (en papel Fiesta de 80 kgs., con tipo Bodoni de 12/14 puntos), el editor fue Juan José Arreola y la dedicatoria era "para Socorro".

Del Paso era joven, tenía apenas 23 años, y el impulso poético lo llevó a una forma cerrada que desarrolló pulcramente en nueve poemas. También hacía cuentos, y se conocen dos de ese tiempo: "El tesoro" y "El estudiante y la reina". Hay uno perdido, "La cama de piedra", y otro sobre los campamentos ferrocarrileros que se alargó hasta convertirse en su primer trabajo novelístico.

A la par de su crecimiento como narrador, siguió trabajando el soneto para juntar 35, que publicó la Editorial Vuelta en 1997 ya bajo el nombre de Sonetos del amor y de lo diario, con ilustraciones (en blanco y negro) del autor, que El Colegio Nacional recirculó en 2001, 2007 y ahora, conmemorando el Premio Cervantes, con una portada colorida (oculta bajo la camisa) y un pliego especial con la serie gráfica Destrucción del orden.

La poesía está, sin duda, en el centro de la obra, pero no sólo (o no necesariamente) bajo la forma rígida del soneto, sino en su ampliación y desbordamiento en la prosa. Se ha dicho que sus novelas son largos poemas en prosa. Quien haya visitado esas selvas profundas se sorprenderá al hallar, luego de ese viaje, un pequeño jardín dedicado al soneto, que cultiva Del Paso con tranquilidad y buen humor, como en los "Sonetos de la rosa enamorada de sí misma", dedicados a la memoria de Xavier Villaurrutia, en donde se lee: "Muerta de risa que acaricia y riza/ y enreda su corola en espirales/ ahogada en laberintos de corales/ la rosa no se muere: se eterniza".

Y también: "La rosa cenital, rosa marina,/ ¿a dónde fue la rosa inmaculada?/ Tras de su sombra fue, tras de la nada, la prodigiosa rosa cristalina".

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