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Domingo , 23.09.2018 / 10:19 Hoy

La crítica: Espacios: Hipótesis sobre la ciudad

La lógica general de las reglas del juego entre las diversas fuerzas en la ciudad es parecida al individualismo promulgado por el neoliberalismo.

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El contexto urbano en la Ciudad de México ofrece un panorama nebuloso desde el punto de vista de la gestión de los factores sociales, políticos, económicos y jurídicos que regulan y afectan su desarrollo urbano e inmobiliario.

La ciudad, entendida como un campo de acción donde entran en juego las fuerzas de cada sector que la compone, actualmente sufre una descompensación notable entre las prioridades de los individuos o grupos que actúan sobre ella y la búsqueda del bien común. La lógica general de las reglas del juego entre las diversas fuerzas en la ciudad es parecida al individualismo promulgado por el neoliberalismo. Dentro de ella el beneficio particular eventualmente conducirá a la consecución del bien colectivo.

Sin embargo, si entendemos el nivel de complejidad que presenta el desarrollo urbano, sobre todo en cuanto a que no se trata de un sistema cerrado que sea capaz de autorregularse, las influencias externas a nivel nacional e internacional hacen casi imposible frenar la especulación y la desigualdad que priva en nuestra ciudad.

En un sistema complejo como este, todas las fuerzas deben actuar simultáneamente, ya que la competencia por el espacio es el principal motor del desarrollo. Cuando una o varias de dichas fuerzas se retiran del campo de acción, inmediatamente el vació que deja es ocupado por otra de la fuerzas actuantes, abonando un beneficio inmediato en las fuerzas prevalecientes. Sin embargo, al paso del tiempo, la falta de actuación de las fuerzas que se han retirado agota la posibilidad de evolución de las fuerzas que han prevalecido, las cuales terminan sofocándose por la falta de oposición.

Tomemos como ejemplo un barrio hipotético en el cual actúan distintas fuerzas: el sector social representado por la población que lo habita, el gobierno local como fuerza política, los constructores y arrendadores de espacios habitacionales y comerciales, todos ellos regulados por las leyes de la ciudad. Cada una de esas fuerzas tiene como objetivo maximizar su agenda en el campo de acción, pero la competencia con las demás evita que cualquiera de ellas consiga sus máximos objetivos. Con este simple mecanismo el conjunto de fuerzas se regula a sí mismo y se equilibra. Pero supongamos que alguna de estas fuerzas se retira del campo: ¿qué sucedería si súbitamente se retirara el gobierno de una zona específica de la ciudad y dejara la administración pública en manos de los habitantes? O bien: ¿qué pasaría si los promotores inmobiliarios dejaran de construir casas o rentarlas en esa misma colonia y no hubiera oferta de vivienda para los habitantes? ¿Nos podemos imaginar los efectos de la desaparición del orden jurídico y de la rectoría del Estado sobre un territorio urbano? Seguramente un desorden generalizado invadiría esta hipotética comunidad. Sin duda, el equilibrio entre las fuerzas es lo que mantiene viva a la ciudad.

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