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Viernes , 21.09.2018 / 06:08 Hoy

La crítica: espacios. Contingencias

El reconocimiento del carácter contingente de la arquitectura nos ayudaría a asumir que nuestro trabajo no es intentar controlar los actos de quienes habitan las obras.

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Desde que el modernismo comenzó a declinar desde el punto de vista filosófico y social, aproximadamente en la década de los años sesenta del siglo XX, los pensadores posmodernistas, como Paul Ricoeur y Zygmunt Bauman, establecieron las bases para la comprensión de la necesidad de un cambio de actitud general ante los fenómenos sociales contingentes. El pensamiento moderno parecía operar en un campo ideal donde casi no había posibilidad de error ni mediación entre las ideas y los hechos. Pero la contingencia, literalmente el contacto entre las personas, obligó a los posmodernistas a percatarse de que las cosas en la realidad siempre pueden ser y serán distintas del modo como fueron planeadas.

Tal vez uno de los grupos humanos que más resistencia ha opuesto a aceptar las contingencias es el gremio de los arquitectos. El crítico inglés Jeremy Till explica en un interesante ensayo titulado “Arquitectura y contingencia”, publicado en la revista Field de septiembre de 2007, que la arquitectura es una disciplina contingente, pero los
arquitectos han intentado infructuosamente negar dicha contingencia mediante los conceptos de orden, belleza y pureza. Till atribuye la actitud purista de los arquitectos modernos —el célebre Le Corbusier entre ellos— a la lucha contra la incertidumbre, como una consecuencia del pensamiento social moderno, no como su causa.

El crítico inglés pone el conjunto de viviendas Fruges en Pessac, a las afueras de Burdeos (1920), como muestra del esfuerzo del arquitecto por abolir todo atisbo de azar en el desarrollo de sus proyectos. El conjunto se componía de casi un centenar de viviendas diseñadas por Le Corbusier hasta el último detalle, exhibiendo una forma geométrica pura compuesta por planos y volúmenes blancos y abstractos. Con el tiempo, el resultado es que los habitantes de Pessac adaptaron las viviendas a sus legítimas necesidades. Algunos cubrieron las terrazas para obtener habitaciones adicionales, otros construyeron pisos extra sobre las azoteas planas, los cuales cubrieron con techumbres inclinadas para evitar filtraciones de agua por las cubiertas planas. La mayoría modificó las casas, incluso añadiendo elementos estéticos como marcos en las ventanas y pintando las fachadas de cualquier color que no fuera el ascéptico blanco lecorbusiano.

El reconocimiento del carácter contingente de la arquitectura nos ayudaría a asumir que nuestro trabajo no es intentar controlar los actos de quienes habitan las obras. Las funciones de la arquitectura son muy distintas de las necesidades de las personas: las primeras son racionales y fijas, y las segundas son subjetivas y dinámicas.

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