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Domingo , 27.05.2018 / 17:31 Hoy

La crítica: Deniz y otras hierbas

Lejos de la anquilosada academia y la guerra de egos, Gerardo Deniz forjó su obra nutrida por la necesidad de saber cómo funcionan otras lenguas.

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Mary Carmen Sánchez Ambriz

En 2005, el Fondo de Cultura Económica puso a circular el volumen de poesía reunida de Gerardo Deniz (Madrid, 1934–Ciudad de México, 2014) bajo el título de Erdera, de casi 700 páginas, con dibujos espléndidos de Juan Soriano y un retrato que Roberto Rébora hizo del autor. En aquellos años, Deniz decía que ahora le tocaba preparar el volumen de su prosa, en donde iba a recopilar ensayos y cuentos. Cierta ocasión bromeó con un título tentativo y con el proyecto: "Si sigo vivo, voy a convertirme en una verdadera plaga de la literatura. Se llamará Prosa completa y otras hierbas".

Deniz tenía ese propósito y, como bien anota Fernando Fernández, compilador de la edición, pudo perfilar el corpus narrativo: la prosa que publicó en siete libros (de 1992 a 2012) y los artículos, críticas literarias y ensayos que dio a conocer en diversos medios impresos. Prácticamente ya casi estaba hecha la selección; no obstante, la muerte del escritor le impidió ser testigo de otra edición voluminosa. Si Erdera le parecía un exceso por la cantidad de páginas que contenía, ahora estas más de 800 páginas quizá le habrían ocasionado una mirada irónica a lo que solía nombrar como un libro/monstruo.

No es un autor sencillo ni complaciente. Lejos de la anquilosada academia y la guerra de egos, Gerardo Deniz forjó su obra nutrida por la necesidad de saber cómo funcionan otras lenguas (hace años su pasatiempo consistía en desarrollar cierta habilidad para utilizar diccionarios y gramáticas de distintos idiomas, desde el esquimal hasta el yagano o yamana; es decir, las lenguas extremas en el norte y sur del continente americano), de su gusto por intercalar un mosaico cultural en donde se aborda desde la ciencia, la química orgánica hasta la música, la ficción y una que otra escena dramática.

Un rasgo que lo identifica es su humor corrosivo. Si de crítica se trata, empieza por él mismo; es irónico, sagaz y, al mismo tiempo, sencillo. No portaba máscaras ni poses de escritor multipremiado; nunca fue el rostro de alguien seguro de que ya pasó a la historia de la literatura mexicana. "A mí me encanta explicarme a mí mismo, hasta he publicado un libro en donde abordo este asunto, Visitas guiadas. ¡Oh prodigio!, se agotó", acostumbraba decir.

Lo que recupera Fernández en una tercera sección, de prosa inédita, son cuatro textos: "Los esquimales" (una tarea escolar), "Suplemento ad usum Pauli Morae", "Bibliografía de un poeta recién casado" y "Otro texto". Estos últimos son los más propositivos y enriquecedores de este apartado, y ayudan a que el lector constate la admiración de Deniz por el filólogo francés Georges Dumézil.

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