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Miércoles , 18.07.2018 / 04:54 Hoy

La crítica de libro: La falsa esposa

La muerte del líder bolchevique León Trotsky, a quien debe adjudicársele la creación del temido Ejército Rojo, continúa siendo objeto de recreaciones novelísticas.

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Mauricio Flores

La muerte del líder bolchevique León Trotsky, a quien debe adjudicársele la creación del temido Ejército Rojo, continúa siendo objeto de recreaciones novelísticas. Pero no solo su asesinato, acontecido siete décadas atrás en tierras mexicanas, sino también su entorno político, cultural y personal. Drama de medio siglo —secuela de la caída del republicanismo en España, prolegómeno del terror nazi y resultado de las más voraces luchas por el control del poder socialista existente para esos años—, algo tiene el acontecimiento que continúa latiendo entre nosotros.

Hombre de ideas y acciones, forjado en contra de una de las dictaduras más férreas de la historia, Trotsky fue también de sentimientos comunes y consiguió generar lazos afectivos en su entorno. Tres de ellos: el amor de su compañera Natalia, el de Sylvia Ageloff por el asesino, y el de Caridad Mercader por el hijo (el asesino), sirven de núcleo a Maritza Macín (Ciudad de México, 1957) para contarnos las claves de aquel 20 de agosto de 1940, data de la confluencia de odios y traiciones.

La falsa esposa se llama la novela de Macín (premio Bellas Artes Juan Rulfo para Primera Novela 2011). Toma su título de la manera en que se identificó a Ageloff, la joven estadunidense que el asesino (Ramón Mercader) enamoró para vincularse al círculo coyoacanense de Trotsky. Historia que cuenta bien la novelista, y a la que incorpora las voces de la fiel Natalia, quien nunca se separaría de "su León Davidovich", perdonándole incluso infidelidades y flaquezas, y la de la catalana Caridad, agente del estalinismo, quien luego de su desempeño en la Guerra Civil española instigó a uno de ellos al magnicidio, antes planeado desde la Unión Soviética.

Pero cuenta más esta primera novela de Macín. Reconstruye bien el ambiente que predominaba en los círculos de izquierda de los años cuarenta: los últimos meses del periodo cardenista y un partido comunista que se debatía entre su independencia o sujeción a los dictados de la Unión Soviética. División que se manifestó también en "el caso Trotsky", ya que hubo quienes se opusieron a enfrentar al revolucionario bolchevique ("qué gran decepción nos causó Hernán Laborde, el entonces secretario del PCM, quien se negó a colaborar en el plan de acción directa contra Trotsky") y otros, como el muralista David Alfaro Siqueiros, que semanas antes del magnicidio encabezó un asalto a la finca coyoacanense ("en enero de 1940 ya teníamos las condiciones necesarias para desarrollar nuestro trabajo, para rasurarle las barbitas al chivo").

Con sus aportaciones propias, La falsa esposa se inscribe ya en la larga saga de libros que sigue propiciando "el compañero de Lenin", entre los que destaco La segunda muerte de Ramón Mercader (1969), de Jorge Semprún; El grito de Trotsky (2006), de José Ramón Garmabella, y El hombre que amaba los perros (2009), de Leonardo Padura.

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