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Domingo , 27.05.2018 / 10:32 Hoy

La crítica de cine: Apasionamiento visceral

Dulces sueños, mamá arranca con un planteamiento que establece una relación causa-efecto entre los personajes principales, Elías y Lucas, dos gemelos de nueve años.

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Jorge Gallardo de la Peña

Dulces sueños, mamá arranca con un planteamiento que establece una relación causa-efecto entre los personajes principales, Elías y Lucas, dos gemelos de nueve años, con otro creado en la ambivalencia: una madre sin rostro que probablemente no es su madre. Las autoras se complacen en provocarnos la duda, crean un conflicto que al principio es como un juego familiar donde la mamá tiene que adivinar qué dice el papelito que le pegaron en la frente, pero el juego se va haciendo tortuoso, insano, macabro y terrorífico.

No puedo dejar de mencionar la casa —una mansión que raya en el exceso—donde se desarrolla la historia. A lo largo de la película allí vemos una fotografía de la madre de tamaño natural como si fuera una pintura impresionista en blanco y negro, lo que le da una presencia fugaz y efímera, y que va de la mano con el ambiente que la rodea: la naturaleza.

Elías y Lucas viven abandonados como dos niños salvajes en un paraíso campirano; juegan a atraparse, a ver quién aguanta más la respiración bajo el agua, a meterse sin miedo a una cueva y a reír sorprendidos por la oscuridad absoluta. Son dos niños sui géneris, apasionadamente viscerales.

Al principio creemos que la madre tuvo una cirugía facial —en la historia no se menciona el suceso—, pero después pensamos se trata de un ardid pues su comportamiento se vuelve siniestro: se hace la dormida, come a escondidas, es cruel con los niños. Los castiga hasta el grado de que dudan que sea su madre; entonces deciden actuar. La relación causa-efecto es llevada a los límites, y no podemos evitar creer que esa madre es una impostora.

A partir de este momento la película se desarrolla con una violencia inaudita, y nos mueve a la angustia hasta preguntarnos: ¿cómo es posible que hagan eso a su madre? ¿Y si no es su madre?

Dulces sueños mamá provoca sensaciones fascinantes por contradictorias; al principio llaman la atención las exclamaciones del público respecto al comportamiento de la madre: "Pinche vieja, está loca". Pero después, cuando somos testigos del frenesí de los niños, que va in crescendo hasta llegar a la apoteosis, el silencio de los espectadores es sepulcral, como si se hubiera aparecido un muerto.

La estructura narrativa es clásica, está contada como un melodrama que se vuelve incómodo porque sabe jugar con el realismo, con la pesadilla, con el sueño, con el terror, con el suspenso, sin necesidad de justificaciones dramáticas para bien o para mal, sobre todo cuando se trata de un cine apasionadamente visceral. m

"Dulces sueños, mamá" (Austria, 2014), dirigida por Severin Fiala y Verónica Franz, con Susanne Wuest y Elías y Lucas Schwarz.

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