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Lunes , 16.07.2018 / 11:12 Hoy

La conciencia del otro

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Braulio Peralta

Para el montaje de Pasión, la obra del dramaturgo inglés Peter Nichols, hay que ser poco serios aunque lo que vemos en el escenario sea un intento de suicidio. Una comedia donde lo peor no es lo que se dice sino lo que se calla. Por fortuna el escritor recurre al alter ego de sus personajes para que expresen el verdadero sentir de sus deseos y pasiones. Lo que provoca risa ante las mentiras de sus protagonistas. La doble moral tiene entonces la coartada de divertirte, aun con los sobresaltos del corazón cuando el adulterio te toca en carne propia. ¿Reímos por cínicos?

Explico: dos actores interpretan a una pareja estable. Un matrimonio que se desdobla en otros dos actores que dicen la verdad que los otros ocultan y el público se desternilla de risa al descubrir la hipocresía de razones frente a emociones, amor frente a pasión: coger es una pulsión erótica que nada tiene que ver con la racionalidad del amor, aun en los tiempos del cólera. Entre los protagonistas de la obra y sus alter ego uno se queda con los segundos porque son la realidad del deseo, sin invenciones literarias. Esa simple razón hace a la obra de Nichols una pieza lúdica, pero no notable.

Para la realización del montaje se necesitan actores y actrices de primerísimo nivel, no que actúen bien cada uno de ellos —porque el elenco es impecable— sino que se comuniquen y logren hacer verosímil que los alter ego del escenario no existen, pero sí sus verdades y sus intérpretes. Desgraciadamente no se logra eso con la dirección de David Olguín, o faltan semanas de ensayo para lograrlo antes de que termine la temporada.

Insisto: no falla el elenco. La dirección no logró cercar a los reales de los irreales, sin duda uno de los retos más grandes para montar a Nichols que, por otra parte y con riesgo de ser cercenado por los que dicen saber de teatro, no me parece tampoco un gran dramaturgo. Está de promoción por los agentes literarios que buscan en el pasado encontrar los temas recurrentes de siempre, entre ellos la infidelidad. Uno sabe de los alter ego del matrimonio pero nada sabemos del pensamiento secreto de la amante. ¿Por qué? ¿Ella no tiene alter ego? ¿Es solo carne?

Así, Pasión nada aporta a la carrera de director de David Olguín, ni de los actores Carmen Beato, Juan Carlos Barreto, Paloma Woolrich, Alejandra Ambrosi, Verónica Bravo, Verónica Merchant y Moisés Arizmendi, aunque los dos últimos estén superiores en credibilidad, sobre todo porque sus parlamentos son la salsa de la obra. Faltó comunicación. Faltó tener la conciencia del otro para actuar en consecuencia. Nichols exige un engranaje donde la verdad y la mentira valen lo mismo cuando de amor y pasión se trata.

A pesar de lo escrito, auguramos teatro lleno. Ver historias reales en el escenario no tiene pierde. No importa el resultado teatral: importa el asombro de vernos con la pasión por dentro. Y el cinismo de la risa como remedio: lo que no responde al carácter de David Olguín.

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