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Lunes , 18.06.2018 / 11:12 Hoy

La coda

Hombre de celuloide


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Fernando Zamora

En 2014 un crítico exquisito me dijo que Whiplash era una película muy mala porque no se apegaba a ciertas realidades del jazz. Vista así, La La Land (obra del mismo director) debe ser malísima. No estoy de acuerdo. Es absurdo juzgar una película porque no cuenta la verdadera historia del jazz. Tanto como creer que Amadeus debe informarnos la verdadera vida de Mozart.

Lo interesante en La La Land es que Chazelle se revela como un magnífico director en la tradición del cine musical. Para sostener esta afirmación basta juzgarlo por sus valores fílmicos: la edición y las actuaciones están en su lugar; la dirección de arte fluctúa entre Roy Lichtenstein cuando entramos en ella y Edward Hopper cuando entramos en él. Porque entramos. La gracia de Chazelle consiste en hacernos creer que podemos conocer la sensibilidad de estos personajes ficticios, de modo que la mímesis no está en la historia, sino en la recreación de un mundo interior. La trama solo es esto: un músico conoce a una actriz. Se enamoran, pero cuando profesionalmente ambos consiguen lo que desean, descubren que amarse no es suficiente para estar juntos. ¿Dos horas de esto? Suena macabro. Lo importante es que la ficción (y el arte) no están en la historia sino en el tema. Por eso los números musicales no avanzan la trama (un error según los manuales) y sin embargo profundizan en el tema. Puede que a veces la cosa resulte un poco melosa. Tanto como Hopper y Lichtenstein pueden serlo. Además, en La La Land y en Whiplash lo más importante es la coda. En música clásica, durante la coda el concertista hace varios puentes para llevar a la orquesta hacia el final. No se trata de un recurso narrativo (después de todo es un concepto musical); se trata de volver al público al lugar en el que estaba cuando inició el concierto. Siguiendo la analogía: ¿cuál es aquí la tonalidad? El tema, que no es lo mismo que la historia: una chica que ha tenido un pésimo día entra de noche a un bar en el que se enamora del pianista no porque sea guapo sino porque lo que interpreta la hace llorar. La última secuencia de La La Land tiene fuerza no porque resuma una historia mil veces contada sino por emular el espíritu de las codas en la música orquestal.

La La Land: una historia de amor (La La Land). Dirección: Damien Chazelle. Guión: Damien Chazelle. Con Ryan Gosling, Emma Stone, J. K. Simmons, Rosemarie De Witt. Estados Unidos, 2016.
@fernandovzamora


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