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Jueves , 19.07.2018 / 13:08 Hoy

¡Knock out!

Hombre de celuloide

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Fernando Zamora

Si fuese cierto que la novela aspira a grandes personajes mientras que el cuento aspira a grandes situaciones, Carmín tropical estaría más cerca del cuento que de la novela. Sus protagonistas resultan enigmáticos en parte debido a que el director no se decide a explicárnoslos. Y digámoslo de una vez: no queda claro si se trata de la intención del autor. Habrá que esperar dos o tres películas más de Pérezcano para ofrecer una opinión mejor fundada. Por lo pronto, Carmín tropical no es magnífica pero hay que verla sobre todo porque termina, como los buenos cuentos, con un knock out narrativo.

Hoy que los poetas aspiran al haiku de un buen tuit, Carmín tropical divaga, tarda en arrancar. El director inserta en su película perros echados, espejos rotos y un sinfín de elementos decorativos que, lejos de avanzar la trama, la arrastran. Hay también reiteraciones. Al menos dos veces se nos presentan las fotografías infantiles de la protagonista. Hay, además, varias secuencias que se resuelven o en el interior de un coche o bebiendo cerveza y, a pesar de que los travestis en general y los muxes en particular tienen fama de ser ingeniosos, los diálogos de Pérezcano no lo son. Y sin embargo al final, si tenemos buena voluntad y nos dejamos sorprender, todo lo perdonamos: un objeto, una sorpresa y el misterio se resuelve.

Existe, claro, la posibilidad de que el público, lejos de sorprenderse con este final, se sienta defraudado, que necesite explicaciones. También por eso hace falta ver más cine de Pérezcano quien, por lo pronto, se nos aparece como un director muy capaz que, sin embargo, ha producido una película que tiene sus problemas atribuibles, sobre todo, a la falta de experiencia.

Tengo la impresión de que Carmín tropical nació con vocación de cine negro. La historia se presta: Mabel, un muxe juchiteco, vuelve a su pueblo para investigar la muerte de su mejor amigo. La policía ha encerrado a un hombre pero luego de una pequeña indagación, Mabel concluye que probablemente el susodicho sea inocente. ¿Se trata de un crimen pasional?, ¿un crimen por homofobia? Las cuestiones se abren y uno se llena de dudas. ¿Las dudas se resuelven? Lo dicho, solo el público decidirá si sí o si no, llegados los créditos finales.

La cámara va y viene en un tono documental que no termina por ser el más eficiente para esta historia. El cine negro se caracteriza por lo estilizado de las imágenes y por más que los vestuarios, el pueblo y la resolana se prestan para grandes fotografías, Pérezcano no ha querido (o no ha podido) hacer justicia al colorido juchiteca. En cierto sentido, Carmín tropical recuerda las primeras películas de Almodóvar (Pepi, Luci, Bom…, por ejemplo), no tanto por el tema como por la promesa de un autor que aunque no domina por completo la técnica se nos aparece como un narrador muy prometedor. En cualquier país civilizado, a Rigoberto Pérezcano se le permitiría filmar cinco o seis películas más. Estoy seguro de que a la larga se volvería un director de culto y es a eso a lo que deben aspirar las instituciones que están promoviendo el cine nacional.

Ficha técnica

Carmín tropical. Dirección: Rigoberto Pérezcano. Con José Pecina, Luis Alberti, Everardo Trejo. México, 2014.

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