El Nobel Kazuo Ishiguro y su romance con el siglo XX

El Nobel de Literatura 2017 leyó su discurso de aceptación antes de recibir el premio en la ceremonia del próximo domingo 10 de diciembre.
Ishiguro al leer su discurso del Nobel
Ishiguro al leer su discurso del Nobel (AP)

Kazuo Ishiguro, Nobel de Literatura 2017, describió un presente sombrío y un futuro incierto, una época en que "la literatura es importante y lo será en especial mientras atravesamos este difícil territorio", pues la buena escritura y la buena lectura "derribarán barreras".

El escritor leyó en la Academia Sueca su discurso de aceptación del Nobel, que recibirá el próximo domingo, por sus "novelas de gran fuerza emocional", que han descubierto "el abismo más allá de nuestro ilusorio sentimiento de conexión con el mundo", según el Comité que entrega el premio.

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"Las buenas historias deben incorporar relaciones que nos conmuevan"


Mi velada con El siglo veinte y otros pequeños descubrimientos es el título de un discurso en el que hizo un viaje por los momentos que marcaron un punto de inflexión en su forma de escribir, y en el que no olvidó temas que le son propios, como el recuerdo del pasado o la búsqueda de la propia identidad.

Frente a un presente en que proliferan "ideologías de ultraderecha y nacionalismos tribales" y un futuro de avances tecnológicos que traerá "asombrosos beneficios", pero que también puede crear "bárbaras meritocracias" y desempleo masivo, Ishiguro defendió el papel de la literatura y de los jóvenes escritores.


Hay que escuchar a los jóvenes

Kazuo Ishiguro tras leer su discurso de aceptación al Nobel

"Un sesentón que se frota los ojos e intenta discernir los contornos entre la bruma de este mundo, que hasta ayer ni siquiera sospechaba que existiese", así se define el escritor, quien se dice dispuesto a seguir adelante para escrutar "este escenario desconocido", pero recurriendo a los escritores más jóvenes como inspiración y guía.

Ishuguro, que fue recibido y despedido con aplausos en una sala llena, hizo un alegato en favor de escuchar en unos tiempos de "divisiones peligrosamente crecientes" y consideró que hay que encontrar "una nueva idea, una gran visión humanista alrededor de la que congregarnos".

El autor de Los restos del día recordó 1999, cuando visitó el campo de concentración de Auschwitz, para tratar otro de sus temas recurrentes, el recuerdo y el olvido, tanto individual cómo en un país.

¿Qué debemos recordar? ¿Cuándo es mejor olvidar y seguir adelante? ¿Qué son exactamente los recuerdos de un país, donde se guardan, como se comparten y controlan?, se preguntó el nobel.

Es ya a comienzos de este siglo y durante una tarde en casa viendo la película El siglo veinte, cuando Ishiguro toma conciencia de la importancia de las relaciones humanas antes que de los personajes.

Y es que las buenas historias "deben incorporar relaciones que nos importen, nos conmuevan, nos diviertan, nos irriten, nos sorprendan".

Otro hilo conductor de la lectura fue la música. Desde su empeño en convertirse en una "estrella de rock cuando cumpliese los veinte" hasta sus referencias a cantantes como Bob Dylan, Nina Simone o Bruce Springteen de cuyas voces ha aprendido "lecciones cruciales", no tanto por sus letras sino por el modo en que cantan.


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