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Miércoles , 23.05.2018 / 23:58 Hoy

Katina Medina Mora: “Me interesan los enredos humanos”

Entrevista

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Víctor González

En el pasillo de un hospital, Nicolás (Arturo Barba), epiléptico desde niño, queda prendado de la distante Isabel (Ilse Salas). Sus historias se entrelazan hasta que quedan enganchados en una relación llena de carga emocional. En Sabrás qué hacer conmigo, Katina Medina Mora presenta una historia de amor deudora de la intensidad del cine romántico francés. Su filme, más que un romance, deja ver a dos personajes dispuestos a sobrevivir pese a ellos mismos.

Sabrás qué hacer conmigo presenta, en principio, a dos personajes complejos y en situaciones límite.

Me interesan las problemáticas humanas, así como las imposibilidades que enfrentamos para vivir. Creo que las relaciones interpersonales son inagotables. Todos tenemos la posibilidad de escoger entre solo vivir e ir pasándola o disfrutar de la vida y hacer más cosas.

Se plantea los personajes como sobrevivientes, incluso de sí mismos.

Hay gente que se dedica a respirar. A mí me interesaba mostrar que hay un poco más. Siempre nos podemos abrir más a la vida.

La película se sostiene en las emociones de los personajes.

Una de nuestras prioridades era conseguir una película muy humana, entrañable y real. Lo ideal es que la gente conecte con la historia de amor o con la historia maternal. Ambas partes son circunstancias cercanas a cualquier individuo.

Cuando se busca la empatía per se con el espectador se puede caer en el maniqueísmo.

Cuando haces una película hay que estar muy consciente de cada decisión, desde la dirección de actores hasta la postproducción. Un recurso muy fácil para guiar las emociones es la música, y yo prefiero que los actores sean quienes lleven al espectador. Asumo que pude haber caído en el cliché o que por momentos se me pudo ir la mano. En todo caso, lo principal es estar seguro de lo que se quiere contar y de la emoción que buscas generar.

Desde la estética hasta el planteamiento del amor como tema, su película me parece deudora del cine francés.

Soy fan del cine francés. Supongo que será verdad aquello de que uno hace las películas que le gustaría ver. Me parece interesante que hables de estética porque trabajamos el lenguaje visual de una manera particular. Así como el guión está dividido en tres capítulos, también la parte visual. Al filmar a Nicolás, todo lo hicimos con cámara fija; si se movía, tenía que ser en dolly, su departamento es más abierto. Todo está en función de cómo vive la vida. En cambio, rodamos la vida de Isabel con cámara en mano porque su vida es más caótica, por eso los cuadros son más cerrados y su departamento es más pequeño. Ya en el tercer capítulo, donde van los dos, filmamos en steadycam, la combinación de ambos estilos. Vemos los movimientos más suaves porque ellos se empiezan a acomodar.

Decía Godard que cada movimiento de cámara es una posición política.

El discurso visual es lo más importante en el cine. Un close up, los cortes, son muy importantes. No queríamos filmar el ataque epiléptico de Nicolás con inserts o cortes, nos parecía mejor filmarlo en plano secuencia para darle realismo. Fue algo muy cansado, pero nos parecía más impactante y real.

Usted viene de una formación dramatúrgica. ¿Qué ventajas o facilidades aporta estructurar la película en capítulos?

La estructura en capítulos fue idea de la guionista Emma Beltrán, y fue acertado en tanto que podíamos haber hecho una película de sucesos. En cambio, una narrativa fragmentaria nos ayudaba a mantener algo de misterio en el personaje de Isabel. Al final nos permitió conocer los puntos de vista de cada personaje y aportar a la comprensión del espectador.

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