Julio Lepe: rechazado en México, estrella en Viena

En nuestro país “nunca vieron el talento, la energía y las ganas que tenía”; viajó a Europa y hoy es parte de una de las compañías de ópera, danza y teatro más importantes del mundo.
“Cuando firmé mi primer contrato entendí que estaba en el mejor teatro del mundo”.
“Cuando firmé mi primer contrato entendí que estaba en el mejor teatro del mundo”. (Nelly Salas)

Julio Lepe (México, 1971), artista, bailarín y modelo se prepara para asumir el próximo año el cargo de asistente coreográfico en el Theater an der Wien, una de las compañías más reconocidas de Europa. Su trayectoria, su dedicación y profesionalismo lo han llevado a ser considerado parte de esa institución artística, de la que es parte desde 2001.

Después de haber establecido su residencia en Viena, Austria, cada año acude a México a visitar a su familia, a sus amigos, a sus colegas, y para recordar la cultura que es parte esencial de su identidad y que expresa en su arte.

De visita en México, Julio Lepe platicó con MILENIO acerca de sus proyectos, del camino que tuvo que seguir para llegar a ocupar el lugar en el que está y de sus satisfacciones artísticas.

Narra con gran entusiasmo cómo fue su participación con Luisa Fernanda, zarzuela en la que Plácido Domingo tuvo una actuación espectacular, además de su intervención en Los cuentos de Hoffman en el Theater an der Wien, del director William Friedkin, quien fue el director del filme El exorcista.

Emigración y recepción

¿Qué representa para usted formar parte del Theater an der Wien?

Yo me formé en el Conservatorio de Viena, donde me dieron la oportunidad de entrenar a un nivel más profesional. Ellos me dijeron que soy el primer hombre mexicano registrado en esta escuela, y también el único en Theater an der Wien para seguir bailando.

“Es un orgullo pero también es una presión, porque quiero representar a los bailarines mexicanos que salen de nuestro país para mostrar nuestro trabajo y nuestro espíritu. Pero también es una bendición estar allá; nunca pensé que fuera yo a trabajar en ese país, no solo a bailar, sino para ser modelo de una agencia de publicidad.

“Sigue siendo un sueño haber logrado posicionarme en Europa porque no es fácil”.

¿A qué se ha tenido que enfrentar para lograr un lugar y mantenerse?

En primer lugar, adaptarme a otra cultura, pero sobre todo he tenido que aprender a tener paciencia para poder colocarme, porque no solo es el talento, sino hay que tener una visión más grande frente a la enorme competencia.

“Tuve que limitar mis emociones, porque como persona y como bailarín soy muy temperamental, y eso para los europeos a veces no es bueno. Lo difícil para mí fue limitar mi energía y controlarme en ese sentido. Hubo muchos ensayos en los que la indicación era: ‘¡Julio, bájale, bájale!’, y yo no entendía que me pedían bajarle a mis emociones”.

¿Por qué tomó la decisión de dejar México para ir en busca de oportunidades?

Mi sueño era bailar folclor, por lo que hice mi primera audición en el Ballet de Amalia Hernández, quien ya falleció. No me aceptaron; su respuesta fue que yo iba a ser pequeño y gordo, que no tenía las características para ser bailarín de su compañía. Claro que me desilusioné.

“Después ingresé a la academia de Emma Pulido, donde estudié ballet y jazz; quise ingresar a
su ballet pero no me aceptaron; también intenté con la señora Olga Breeskin, pero no pude colocarme. Mi última audición fue con Yuri para formar parte de su cuerpo de bailarines; esa era mi ilusión, pero desafortunadamente no encontré las oportunidades que yo buscaba.

“Pero sí hice algunos trabajos en México: antes de partir a Viena hice Drácula con Mauricio Islas y Katie Barbieri. Ahí me dieron la oportunidad como coreógrafo; bailábamos en el teatro Lírico y hasta realizamos una gira por Estados Unidos.

“Nunca vieron el talento, la energía y las ganas que tenía. La falta de oportunidades me llevó a pensar que tenía que emigrar, salir de México”.

¿Cómo entró a esa compañía en Austria?

Mi primer trabajo en Theater an der Wien no me costó nada; la verdad es que fueron los deseos de estar ahí. Un día iba caminando en la calle y vi una revista que convocaba a una audición; apenas la pude traducir porque desconocía el alemán. Creo que entre los hombres hay menos competencia, y por esto invito a todos los bailarines a que prueben suerte en Austria.

“Esa audición era para Luisa Fernanda con el tenor Plácido Domingo; era una zarzuela y fui aceptado. Para mí fue una grata sorpresa que me aceptaran como bailarín en 2002.

“Cuando firmé mi primer contrato entendí que estaba en el mejor teatro del mundo, de donde salieron la opereta y los musicales”.