Juego inútil

El autor trata de jugar con tres relatos en los que los personajes y acontecimientos dependen unos de otros.
La problemática de los protagonistas es una absoluta tontería.
La problemática de los protagonistas es una absoluta tontería. (Especial)

México

En El magnífico, Philippe de Broca logra una joya de comedia romántica con dos anécdotas llenas de emoción; una transcurre en Acapulco, donde suceden montones de asesinatos y Rodrigo Puebla, como él mismo, es devorado por un tiburón; en la otra, poco a poco y con imaginación bien estructurada, vamos descubriendo que se trata de la novela de aventuras que está escribiendo François Merlin, quien vive en el centro de París.

La película es suculenta: el autor  juega con dos narraciones que se nutren entre sí por el espacio, y los personajes que vemos caracterizar a malos y buenos en realidad interactúan en dos lugares, Acapulco y un barrio parisino. De esta manera nos damos cuenta de que el jefe de los malos en el puerto —un tipo sádico— en realidad es el administrador que cobra la renta y que también es cruel con los inquilinos que se atrasan con su mensualidad.

Me acordé de esta película de los años setenta, que juega literalmente con el lenguaje, porque Zoom intenta algo parecido pero con resultado deplorable. El autor trata de jugar con tres relatos en los que los personajes y acontecimientos dependen unos de otros; por supuesto que suena interesante, pero el problema de las tres historietas es que los conflictos de los protagonistas nunca se desarrollan y solamente importa el afán de ser pretensioso en la forma y olvidarse por completo del contenido. Por eso la problemática de los protagonistas es una absoluta tontería: él tiene un pene pequeño y ella una mama chiquita. Eso no significa comedia —Chaplin dijo que la comedia es cosa seria— sino un pastiche que solo emociona a los analfabetos.

Cuando el autor logra establecer que cada historia depende una de la otra ya es demasiado tarde, lo que se debe a un problema del entramado: los conflictos son burdos, meras ocurrencias, y por eso sentimos que la película no avanza, no causa interés, quedándose en el efectismo barato de una buena animación —ya sabemos que la tecnología por sí sola puede impresionar, pero no genera narrativa—, que muy pronto empieza a brillar por su fulgurante inutilidad.

Cuando se juega de esta manera con el lenguaje cinematográfico es porque se conocen las reglas dramáticas y porque se hace una meticulosa planificación de la estructura sin olvidar que es necesario conocer, como en toda narrativa, la motivación del personaje para identificarnos con su problemática; si se trata de un juego, entonces debemos aprender a jugarlo para evitar que la producción de una película inútil y estúpida.

"Zoom" (Brasil y Canadá, 2015), dirigida por Pedro Morelli, con Gael García Bernal y Allison Pill.