El verbo de Villoro convirtió a mil estudiantes en lectores

El escritor compartió su pasión por los libros con más de mil estudiantes de un plantel del Colegio de Bachilleres de Oaxaca, como parte del programa 'Filoando'.
Juan Villoro junto a Rodrigo González, director general del COBAO
Juan Villoro junto a Rodrigo González, director general del COBAO (Twitter: @COBAO_GobOax )

Ciudad de México

Todos eran alumnos del Colegio de Bachilleres de Oaxaca (COBAO). Algunos ya conocían a quien estaría frente a ellos para hablarles de la magia de los libros: un personaje convencido de la necesidad de perderle el miedo a la lectura, "algo que no se debe imponer ni hace por obligación, sino que se tiene que contagiar".

"A mí me costó trabajo dedicarme a leer o encontrar que la lectura era una forma de la felicidad. Como todos los niños, sabía que leer era útil y que me iba a abrir un camino en la vida y que los libros tenían mensajes que serían importantes para mí, pero no consideraba que eso era una diversión, simplemente pensaba que era algo obligatorio, como tantas cosas  que debía aprender en la escuela".

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Así, Juan Villoro tuvo un encuentro con más de mil estudiantes del COBAO en la comunidad de El Tule en Oaxaca, dentro del programa de fomento a la lectura que desarrolla la Feria del Libro de Oaxaca, impulsada por el editor Guillermo Quijas, bajo el título de Filoando, un programa que apuesta por llegar a los 64 colegios que existen en la entidad.

"Si me preguntan cuál es el lector ideal de un libro mío, no pensaría en el que ha leído más, sino en alguien que nunca ha leído un libro por gusto y, de pronto, descubre al abrir un libro cómo se abre una puerta, que ese es un mundo mágico, que esa es otra realidad que puede mejorar la nuestra, porque la literatura está hecha de la realidad que compartimos, pero le agrega algo".

Una sesión en la que Villoro respondió a las dudas de los adolescentes, que iban desde sus libros favoritos hasta la importancia de la lectura en nuestro tiempo o la manera en que halla las historias que lleva a sus textos —quienes se animaban se llevaban como obsequio La casa pierde, el libro más reciente que le publica Almadía—, donde recordó que un libro está muerto hasta que es leído: un libro cerrado sólo es la posibilidad de una obra de arte. El lector es quien le da vida".


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