Juan Rulfo y el cine: un reto permanente

“Por más que haya quien crea que puede adueñarse por completo de su obra, su espíritu continuará siendo libre y universal”, dice José Luis Cruz.
Lucha Villa e Ignacio López Tarso, en "El gallo de oro" (1964), dirigida por Roberto Gavaldón.
Lucha Villa e Ignacio López Tarso, en "El gallo de oro" (1964), dirigida por Roberto Gavaldón. (Especial)

México

Nada ha habido más ambicioso en el universo creativo de nuestro país que adaptar la obra de Juan Rulfo, sea al cine, el teatro la danza o a cualquier arte posible. Entre todos esos intentos ha habido resultados mejores y otros verdaderamente pésimos; lo importante es que, como dice el crítico Jorge Ayala Blanco, para el caso del cine, su legado sigue incólume y, en opinión del director de teatro José Luis Cruz, “continúa inspirando a otros creadores como la gran obra maestra que es, por más que haya quien cree que puede adueñarse por completo de ella, su espíritu continuará siendo libre y universal”.

Este 16 de mayo se cumplirá el centenario del nacimiento de Juan Rulfo, autor de una obra literaria corta pero poderosa (los cuentos de El Llano en llamas, la novela Pedro Páramo y el guión El gallo de oro) que, según los especialistas, tiene una estrecha relación con su actividad fotográfica previa a su literatura y ésta la establece después con su trabajo cinematográfico, que arrancó con una pequeña participación con Roberto Gavaldón para La escondida (1955).

En el cine pasó de ser supervisor de filmaciones para la Secretaría de Gobernación, a figurar directa o indirectamente en obras como  En este pueblo no hay ladrones (1965), de Alberto Isaac; o escribir   guiones o textos que sirvieron de base para trabajos fílmicos, como El despojo (1960), El gallo de oro (1964) y La fórmula secreta (1964).

Con apenas 11 minutos de duración, El despojo es, “a mi parecer —dice Ayala Blanco— la más rulfiana de todas las películas; se fue haciendo sobre la marcha, él decía por la mañana lo que tenía que filmarse y tiene la misma estructura y visión del mundo de este autor en el momento de la muerte, la agonía, que es uno de los temas mayores de Rulfo”.

También coescribió con el director Emilio El Indio Fernández el guion de Paloma herida (1963) y con guión de Rulfo Rubén Gámez filmó el mediometraje La fórmula secreta (1964).

El gallo de oro (1964), dirigida por Roberto Gavaldón, partió de un guión coescrito con Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y el director. Fue protagonizada por Ignacio López Tarso y Lucha Villa. De este guión se hizo otra cinta, El imperio de la fortuna (1986), dirigida por Arturo Ripstein, con las actuaciones de Ernesto Gómez Cruz y Blanca Guerra.

“Lamentablemente él no pudo ver la película porque falleció, pero revisó el guión de Paz Alicia Garciadiego, rememora Arturo Ripstein en entrevista con MILENIO. Cuando leí el libro le pedí a Rulfo los derechos, me los dio, fui a hablar con Alberto Sánchez que autorizó que se hiciera la película. Mi película toca el cuento completo, la de Gavaldón nada más la mitad, fuimos a ver varias a veces a Rulfo y le pasé el guión, le hablé por teléfono y me dijo que le había gustado, cosa que me halagó muchísimo, siempre”.

Con la obra de Rulfo, dice Ayala Blanco, “hay adaptaciones terribles porque son casi siempre pintorescas, folcloristas, puramente argumentales, lo que hacen es ilustrar un guión”. Del cúmulo de filmes que se han realizado él destaca lo hecho por Milt Valdez, Tras el horizonte (1984), que es la adaptación del cuento El hombre, “es un ejercicio estético expresivo muy interesante porque todo se basa en la tensión entre lo que se muestra y lo que no”, dice.

Otros escenarios

Juan Rulfo, de acuerdo con el director de teatro José Luis Cruz, es tan grande que ha logrado tocar e inspirar a muchos otros creadores “con ese mundo tan abstracto, es un mundo que no existe en ninguna parte y ahí radica su grandeza y, por eso mismo, todo lo que hagamos en torno a él son acercamientos, evocaciones. Así está bien, eso habla de una obra universal que, por más que quieran quienes dirigen la fundación encargada de velar por la obra de este autor, no pertenece a nadie sino a todos”.

Cruz, junto con un grupo de otros artistas creó un montaje que define como “un mural viviente” o una evocación multidisciplinaria que se presentó en el Espacio Escultórico de Ciudad Universitaria. “Fue una evocación que hicimos a partir del estudio de la fotografía, el cine, la literatura, todo lo que hizo este gran autor. Fue todo un fenómeno en lenguaje moderno”, recuerda el director de escena.

En danza destacan las coreografías que creara Marco Antonio Silva, Murmullos, en 1988, para la Compañía Nacional de Danza de Costa Rica y otras 2 piezas basadas en estas obras. “Yo les decía a los bailarines: interpretar a Rulfo es como lanzar una piedra al río, necesitamos recrear esos círculos concéntricos que se generan, los músculos deben estar exentos de tensión, se trata de expresar con algo que aparentemente no está, pero está”, dice el creador.

Cintas destacadas

Talpa (1955), Alfredo Crevenna.

El gallo de oro (1964), Roberto Gavaldón.

La fórmula secreta (1964), Rubén Gámez.

Pedro Páramo (1966), Carlos Velo.

El rincón de las vírgenes (1972), Alberto Isaac.

Ignacio (1974), Francois Reinchenbach.

El hombre de la media luna (1976), José Bolaños.

El imperio de la fortuna (1986), Arturo Ripstein.

El despojo (1960), Antonio Reynoso.

Diles que no me maten (1985), Freddy Siso.

Rulfo aeternum (1992), Rafael Corkidi.  


¡Consigue todas las obras de Juan Rulfo!