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Martes , 13.11.2018 / 10:59 Hoy

José 'Chester' Pulido rememora su andar por Analco y San Juan de Dios

Uno de los rockeros más antiguos, aún vigentes en la escena tapatía comparte con los lectores de MILENIO algunos recuerdos de dos de los barrios más tradicionales de Guadalajara en los que creció.
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José 'Chester' Pulido siempre ha vivido un ambiente musical muy rico, pero en los sesenta, Guadalajara fue considerada como una de las ciudades más representativas del rock.

“Me interesé muy joven en la música al lado de mi hermano. Hubo varios factores que influyeron para que nos gustara mucho la música yo creo que una fue que tenía un tío que era músico profesional, él vivió de eso. Y aparte en el barrio de Analco había muchos jóvenes que les gustaba el rock, principalmente. Por ejemplo, soy contemporáneo de ahí del barrio de Toncho Pilatos, él es de Analco, igual que yo, también por ahí por el barrio estaban otras personas de apellido Flores que tenían un grupo que se llamaba Los Liverpool y luego cambiaron su nombre a La noche, eran más o menos los mismos elementos".

El músico asegura que Mike Laure era del barrio, también de por ahí de por el rumbo estaba Manuel Muñoz. “Hay también un bajista que le dicen 'El Pichón', que es bajista de jazz y te tocaba mucho con Carlos de la Torre en un bar que estaba aquí en frente del parque Revolución y ahí en el Copenhague tocaba Carlos de la Torre y el bajista era 'El Pichón', un pariente de Manuel Muñoz. El ambiente en San Juan de Dios y Analco era muy rico, por ahí vivía el guitarrista de los 39.4 que ahora radica en Puerto Vallarta”.

Pulido dijo que quien más le influyó en su carrera fue su tío. “Era fabricante de instrumentos de cuerda, laudero, bajista, contrabajista, guitarrista y baterista. Y tenía otro tío que tocaba saxofón, acordeón, batería, contrabajo y guitarra. Además, enfrente de mi casa había un señor que había estado trabajando, de mojado en Estados Unidos. Ese señor tenía discos de los que se quebraban, de un material anterior al acetato, eran discos así como de carbón. En los sesenta empecé a hacer música en la secundaria”.

El músico explica que un aspecto que influyó mucho en la Guadalajara de los sesenta es que había estaciones de radio como Canal 58. “Tenía sus oficinas donde trasmitía ahí en la Calzada Independencia. Era el Teatro Alameda, ahora está Mc Donald’s, es un centro comercial, pero antes era un cine, un teatro. Estaba chido ese teatro. Por dentro tenía como habitaciones, pero no podías ver el cine, pero como yo estaba chiquillo le preguntaba a mi mamá “¿Ahí vive gente? y yo mismo me contestaba: Qué chido, diario viene al cine”.

Según Pulido Canal 58, programaba mucho rock, “buen rock. Cuando llegó el rock aquí a Guadalajara, hacían sonar temas interesantes junto con baladistas de ese tiempo. Llegué a escuchar ahí a mucha gente, cantantes de jazz como Ella Fitzgerald. Además de la estación de radio, tenían un salón donde trasmitían en vivo. Ahí llegó a tocar un grupo que se llamaba Los Gibson Boys que cuando yo apenas estaba tratando de tocar, empecé como baterista, a veces salía de la primeria temprano y me iba ahí al teatro a donde estaba el salón ese. Ahí trasmitían y tocaban en vivo Los Gibson Boys y me iba y me aventaba mis conciertitos en vivo en esa época”.

El músico asegura que en Analco vivían los hermanos Reyes. “Eran un grupo músico vocal que cantaba cosas originales y boleros y cosas así. Eran los dueños de un hotel que está ahí en frente del Teatro Alameda. El hotel todavía existe pero había un café que se llamaba de los hermanos Reyes y tocaban Los Gibson Boys. Como yo no tenía dinero en ese tiempo me iba a parar ahí afuera a escucharlos tocar y veía las guitarras. Era una fascinación”.

Pulido hace una pausa y continúa: “En ese tiempo nos veíamos toda esa bola. Algunos decían que había dos Guadalajaras, de la Calzada para acá y de la Calzada para allá. Yo soy de la Calzada para allá, a mucha honra. No me avergüenza a mí que soy del barrio de Analco o que estoy muy cerca de la Plaza de la Bandera y que conocí a fondo el ambiente de San Juan de Dios. En su plaza de toros había conciertos y llegué a ver a muchos artistas porque la cervecera de la Corona traía una caravana de artistas, así le llamaban, y por una cantidad pequeña te aventabas un montón de artistas que desfilaban por ahí de todo tipo, Lola Beltrán, Viruta y Capulina, Tintán, José Alfredo Jiménez, Jorge Negrete y un montón.

Entre todos sus recuerdos persiste uno, luminoso: “Hubo un momento que me gusta mucho recordar, cuando Dave Brubeck, autor de Take five, vino a la plaza de tres de San Juan de Dios. Dave Brubeck junto con Cannonball Adderley, una cosa tan emocionante... yo disfruté ese concierto como pocos”


Ramón Macías Mora, guitarrista y escritor

Si bien es cierto, quien escribe estas líneas, justamente nació en un hospital que se ubicaba en el centro de Guadalajara. El Carmen en 8 de julio y Madero.

Mi familia, vivía en la calle de Álvaro Obregón en el 720, al lado derecho del cine. Más a la derecha hacia el poniente, había una tlapalería, la de don Ramón. El Sello Rojo. Enfrente, la casa de los joyeros Martínez Sandoval, yo, ya no les conocí. Pero si, recuerdo a don Paz, un viejo gordo mal fajado, quien vendía golosinas y mi padre le permitía guardar un carretón en donde mostraba su mercancía, su mujer era doña Mariquita.

El abuelo José Mora Valadés, padre de mi madre, mudó su taller en el que reparaba primero ruedas de carreta, después, rines de fierro a golpe de martillo y yunque, a la calle de Dionisio Rodríguez, cuando caminaba uno por Juárez hacia el oriente, a eso de las siete en otoño, ya pardeando la tarde, como decía Rulfo, justamente encima del mesón que hacía de taller del abuelo, estaba un anuncio monumental de una marca refresquera, en el que un charrito y una china poblana, sorprendían a los tapatíos, zapateaban el jarabe encima de una corcholata de luz de neón. Antes el taller estuvo al lado de la carbonería por la de Hospicio, casi al llegar a Cabañas.

(Cortesía)

A mí, por la edad, ya no me tocó conocer el antiguo mercado, sólo lo he visto en fotografías de la época, pero si me tocó, asistir a los encuentros de basquetbol y volibol en el Coliseo Olímpico, me llevaba don Ramón mi padre y también, usar los económicos zapatos de La Lagunilla y los de la Tenería Pachuca [Ten-Pac], los que duraban hasta que se acababan. Recuerdo el Boca del río, el Taurino, la cervecería llamada La Macarena y el hospital Vázquez Arroyo.

Ya habiéndonos mudado a otra parte de la ciudad, en el verano, organizábamos excursiones a San Juan, para discretamente colocarnos bajo las escaleras de los puentes peatonales, voltear hacia arriba, y mirar los espectaculares muslos de las norteamericanas minifalderas, que llegaban a los añorados cursos.

Legítimamente, con el afán de emular al célebre Tolouse- Lautrec, lo digo sin recato ni hipocresía, alternaba mis huidas a la matiné del cine Alameda, el Avenida y hasta el Juárez con las riesgosas visitas a los antros de Gigantes, Gómez Farías, “La sonaja” [Zona Roja] a donde intempestivamente llegaba “la Julia” [Un camión de la policía municipal] haciendo racia de menores infractores y borrachines. Así conocí por supuesto: La Tarara, el 1,2,3 [One, Two, Three] en donde actuaban Los Briboncitos, émulos de Los Bribones. El Luna de Miel, La Tinaja, el Bambi y La Rata Muerta que se ubicaba junto a un hotelucho de mala muerte de nombre: El Gallo.

Cesar Zazueta, mi profesor de dibujo en la secundaria, quedó sorprendido y a la vez maravillado, al revisar “mi obra” en el examen de fin de curso. Nunca los volví a ver.

Marina Montes, ama de casa

Marina Montes, nació en 1941 en la calle Dionisio Rodríguez 78, a una cuadra del Mercado Libertad, el segundo que hubo en ese lugar. A espaldas de la Plaza de Toros El Progreso.

“Recuerdo todo de San Juan de Dios. Para mi hermano y para mí, la Plaza de Toros era mi patio de juegos. Las vecindades eran muy bonitas. El parque Morelos, que era un bosque, Las fresas, donde es ahorita la Clínica 3 del Seguro Social. La llevada de la Virgen era tan bonita porque el mercado permanecía abierto hasta medianoche. Por la calle de José María Mercado- entonces era toda la noche, las tortillerías trabajaban toda la noche. Yo estaba muy chiquita… recuerdo El Órgano estaba por Hospicio y la Calzada, era un restaurant chino muy tradicional. Me acuerdo cuando tumbaron el mercado antiguo porque yo vivía a media cuadra... para mi fue una tragedia… Arriba vendían tabaco, por kilos. Había una señora que afuera de El Órgano vendía menudo, el negocio de cena que se llamaba El Testerazo, Lolo, que vendía birria en la noche, las enchiladas de agua, las enchiladas buenas, las Tortas Cosmopolita que estaba en el Degollado... Recuerdo las competencias de baile en la vecindad de Las tullerías... sonaba el mambo.

San Juan de Dios (Especial)

Era forzoso levantarte tempranito y vamos con don Agustín, tenía unas ollas de agua fresca, refrescos y alquilaba revistas ¿cuánto? Los alquilaba en cinco centavos. Aquí está mi diez, présteme mi Pepín y el Chamaco. Mi papá tenía una cantina que se llamaba La tinajita. Los mesones eran muy importantes, yo tenía una amiga que tenía dos mesones, el de pobrecitos y el que era de un poquito acomodados. El mesón se cerraba a las 9 de la noche, porque en esa calle, había muchas cantinas. Recuerdo a Polidor era un personaje que venía yo no sé hasta dónde, yo recuerdo que llegaba con mi papá. Mi papá tenía negocio de máquinas de coser. Había otro borrachito que le llamábamos “El amigo luego”. Se retacaba las bolsas de periódico y usaba un sombrerito chiquito, mugroso, mugroso. A la plaza de toros venían Javier Solís, Daniel Santos, Julio Jaramillo, José Alfredo Jiménez, a Toña la Negra, a María Luisa Landín. En la Arena Coliseo conocí luchadores como El Santo, Blue Demon y El Cavernario Galindo. En Dionisio Rodríguez estaba el señor de la birria, Don Pedro. Tenía unos cuadros grandísimos de toros, tenía uno de la muerte de Manolete. En la Macarena en la pura esquina de Dionisio y Cabañas inventaron Las chabelas. … en la esquina de la Plaza de Toros, por la entrada de sol. La Gran Torta era famosa aquí, el negocio de Pedro el joto, que vendía pozole riquísimo, tenía unos tréboles así, y luego hacía unas flautas con mucha carne... Cuando mi padre me dijo “¿Quieres fiesta de quince años? ¿O qué quieres?” “No papá, lo que yo quiero es mi serie para ir a los toros”... recuerda.

Con información de Irene Martínez , Ramón Macías y Verónica Banda

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