El arte lacustre de Jorge Obregón

El colaborador de La poesía vista por el arte presenta la exposición Remanentes de la cuenca en la galería Aldama Fine Art, que busca hacer un llamado de conciencia respecto a la contaminación y ...
Jorge Obregón es colaborador de La poesía vista por el arte
Jorge Obregón es colaborador de La poesía vista por el arte (Foto: Raúl Campos)

Ciudad de México

Con Remanentes de la cuenca, su más reciente exposición, el pintor Jorge Obregón busca hacer un llamado de conciencia respecto a la contaminación y depredación que están sufriendo los últimos cuerpos lacustres que sobreviven al sureste del Valle de México. Durante un año viajó y retrató la zona que va desde el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, hasta los afluentes que escurren en las aguas de Xochimilco, Tláhuac y Chalco.

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“Este proyecto fue seguir todos esos escurrimientos, desde subir a la montaña, pintar los glaciares, seguir estos pequeños afluentes y todo el recorrido que hacen ellos para llegar hasta el Valle de México y pintar el final de esta zona de escurrimientos que es Chalco, Xochimilco, y pintar estos reflejos, estos jardines flotantes y hacer todo un ejemplo de lo último que nos queda de esta zona lacustre tan rica que se ha ido acabando, secado y plasmarlo plásticamente”, dice Obregón a MILENIO.

“Hay una desecación muy grande —continúa— desde hace muchos años, lleva más de 20 este problema de la zona lacustre de Xochimilco, de Chalco, y lo triste es ver que cada vez está más seco, más invadido por drenaje que se mete a estos afluentes; el agua que escurre del Iztaccíhuatl está limpia, puedo tomar de sus riachuelos, llenar mi botella sin ningún problema, pero bajas un kilómetro y ya está entubada el agua o ya la están contaminando las cañadas con basura, es muy triste ver eso”.

Las horas pintando...

La mayoría de los 21 cuadros que conforman la muestra fueron pintados in situ; para realizar cada uno el colaborador de La Poesía Vista por el Arte tardó entre dos a cuatro días: “Era llegar al lugar, plantarme, estar ocho horas pintando y para las que muestran tomas aéreas hice sobrevuelos de cuatro horas en avioneta, saqué apuntes a lápiz, videos, fotografías y para esos ya en el taller hice las composiciones de una forma comparativa con lo que estaba haciendo en el campo”.

“Además, debía de experimentar, buscar la zona, en algunos casos sobrevolarla, rentar una avioneta, al piloto y a partir de un GPS o mapa tuve que marcar cartográficamente los sitios que a me interesaba pintar”, agrega.

También explica que pintar un cuadro in situ conlleva muchas dificultades: “El cambio de la luz es muy rápido, además el viento, el mismo clima y el mismo modo de cómo escoger un lugar significan un gran reto porque para elegir una toma tengo que agarrar una carta topográfica o el Google Earth, ver los cerros, buscar la terracería, el camino, preguntar e investigar. Todo el trabajo de campo es al final muy enriquecedor porque uno va a buscar tal vez para hacer un tema pero al final se encuentra con otros cuatro o cinco que uno no sabía”.

“El arte lleva muchos mensajes: uno como artista genera un diálogo con el espectador al pintar un cuadro que cada espectador puede percibir de una u otra forma; hay gente muy sensible que conoce muy bien estos lugares y que al ver las pinturas dice: ‘mira nada más cómo esto está ya deforestado, depredado, la riqueza que tenemos en este valle, la gran luz que podemos llegar a tener’, y sí, se genera esa conciencia”, concluye.

Remanentes de la cuenca se podrá visitar hasta el 20 de diciembre en la galería Aldama Fine Art (Palacio de Versalles 100, colonia Lomas de Reforma).


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