Mekas: un cuaderno referencial

Mekas ha sido un fiero guardián de rayos de salvación que, para las buenas conciencias, eran rayos de destrucción masiva o motivo de burla.
Artes plásticas, música y otras expresiones artísticas conviven en esta antología.
Artes plásticas, música y otras expresiones artísticas conviven en esta antología. (Especial)

México

Para poner en perspectiva la trascendencia de Jonas Mekas (Lituania, 1922), en la introducción a su Cuaderno de los sesenta. Escritos 1958-2010 (Caja Negra Editora, 2017), Pablo Marín cita una frase de Theodor Adorno: “La misión del arte hoy es introducir el caos en el orden”. El poeta, artista, periodista y cineasta, considerado el padrino del cine avant garde estadunidense, ha sido, ante todo, un provocador, y la frase de Adorno, refiere Marín, “en realidad parece más acertada para describir toda la gama de procedimientos y repertorios artísticos incluidos en Cuaderno de los setenta. En verdad, cuesta creer que no haya sido escrita pensando en el territorio futuro en el que Mekas desplegaría sus mejores armas de persuasión crítica”.

Estamos ante un libro fascinante en el que, al lado de figuras harto conocidas como Pier Paolo Passolini, John Cage, Andy Warhol, Susan Sontag, John Lennon, Yoko Ono y William S. Burroughs, aparecen importantes creadores menos (re)conocidos, como los artistas plásticos Carolee Schneemann, Jim Dine y Joseph Cornell, los teatreros Richard Foreman y Jack Smith y el pintor, músico y performancero Hermann Nitsch (cuya exposición en el Museo Jumex en 2015 fue cancelada por razones oscurantistas).

Ya en 1958, fecha del primer artículo incluido, se percibe la atemporalidad de las palabras de Mekas, cuando afirma, respecto a los escritores de la Generación Beat, que “en una sociedad bastarda, estandarizada, conformista y enferma, la perversión es una fuerza de liberación. Los profesores, guardianes de la Moral, la consideran horrible y degradante, pero es una gota del Espíritu Santo, un rayo de salvación”.

Mekas ha sido un fiero guardián de rayos de salvación que, para las buenas conciencias, eran rayos de destrucción masiva o motivo de burla, como fue el caso de John Cage. Entrevistado por Mekas, Nitsch afirmó que el compositor, quien “ya no podía trabajar con sonidos producidos por instrumentos musicales, debió apelar a otros materiales, y empezó a utilizar los sonidos de la realidad”.

Sugerentes son sus ideas en torno a Warhol, a quien considera “un cronista”, lo mismo en su pintura que en su fotografía, su cine y todo lo que pergeñaba en las calles. Uno quisiera haber estado en su estudio para presenciar a Velvet Underground, que, escribe Mekas, presentaban “los performances más cargados de energía que yo haya visto jamás”. Por fortuna, a través de una escritura crítica y cuidadosa, en estos cuadernos hay muchas otras cosas por conocer.