[El Santo Oficio] La niña con zapatos grandes

Es sorprendente la actualidad de muchas de las ideas del escritor John Ruskin, sobre todo en un país como el nuestro.
Mahatma Gandhi
Mahatma Gandhi y Marcel Proust veneraban al escritor y crítico victoriano John Ruskin.

Ciudad de México

El cartujo, cada vez más hundido en la misantropía, lee el hermoso libro El sueño imperativo (Vaso Roto, 2014), una selección de textos sobre arte, naturaleza y sociedad del escritor y crítico victoriano John Ruskin, venerado por Gandhi y Marcel Proust.

Es sorprendente la actualidad de muchas de sus ideas, sobre todo en un país como el nuestro, donde la desigualdad se acrecienta cada día ante la indiferencia de políticos insaciables y mentirosos, proclives a la traición y habituados a la impunidad.

En una carta, fechada el 1 de julio de 1874, cuenta cómo al ir a dar una conferencia al museo universitario de Oxford se encontró con una niña muy linda, estaba jugando con un palo y una pelota; era efusiva y ágil, pero no podía atinarle a la pelota debido a sus zapatos, "grandes y destartalados".

Le fue bien en su conferencia. Había personas valiosas en ella y él disertó con erudición sobre el arte florentino de 600 años atrás. "Pero mientras hablaba era consciente en todo momento de que nada de lo que dijéramos sobre arte tenía la menor utilidad para el público. Pues su interés principal, y el mío, era el arte en Oxford ahora; no el arte en Florencia entonces; y el arte en Oxford ahora dependía por completo de nuestra capacidad para resolver este asunto, que mis oyentes ni siquiera me habrían permitido plantear como problema: ¿Por qué nuestras niñas tienen zapatos grandes?".

Al fraile se le encoge el corazón cuando imagina a la niña de Ruskin, pero más aún cuando piensa en las niñas y los niños descalzos y vestidos de harapos en tantos lugares del país, mientras políticos, empresarios e intelectuales se ocupan de cosas más importantes para ellos: el poder, el dinero, la fama, los viajes alrededor del mundo para hablar de la miseria y la injusticia desde escenarios privilegiados.

El libro de Ruskin estruja, conmueve, apasiona. El cuarto de sus cinco apartados se llama "Sociedad y economía" y en él aparece este fragmento: "Si uno indaga en la historia de los rufianes, se da cuenta que son artículos tan genuinamente manufacturados como cualquier otro, y debido justamente a que nuestro sistema actual de economía política promueve de manera tan intensa esa manufactura sabemos que es falsa. Más nos valdría buscar un sistema capaz de desarrollar hombres honestos que otro ocupado astutamente en tratar con gandules. Reformemos nuestras escuelas y tendremos poca necesidad de reformar nuestras cárceles".

Pero, ¿cómo reformar las escuelas en un sistema podrido, con rufianes por todas partes, incluido el magisterio de los estados donde la pobreza se extiende como plaga y ellos no piensan sino en sus privilegios y canonjías? ¿Cómo cuando la política se ha pervertido hasta límites inimaginables y nadie presta atención a las niñas con zapatos grandes y destartalados?

De vez en cuando es bueno volver a los clásicos, y disfrutar la soledad.

Queridos cinco lectores, desde de la torre de marfil, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.