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Sábado , 22.09.2018 / 20:40 Hoy

Jennifer Clement: “PEN enfrenta los grandes momentos sociales y políticos”

Jennifer Clement defiende la literatura como un espacio de denuncia

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Jennifer Clement defiende la literatura como un espacio de denuncia. La escritora nacida en Greenwich, Connecticut, Estados Unidos, pone dos ejemplos difíciles de rebatir: la repercusión que tuvo Oliver Twist, de Charles Dickens, para cambiar las condiciones de miles de niños víctimas explotación laboral y el empoderamiento de las mujeres tras las novelas de Jane Austen y Charlotte Brontë. Por eso, en su novela Ladydi (Lumen, 2014) retrató el calvario de las mujeres de la sierra de Guerrero, acosadas por tratantes de personas para ser vendidas como esclavas sexuales.

Pero la actividad de Clement en favor de los derechos humanos va más allá de la literatura: durante su presidencia en el centro PEN México impulsó, entre otras cosas, una ardua defensa y protección de los periodistas en nuestro país. Hace menos de un año fue elegida como presidenta de PEN Internacional, la organización de escritores más antigua y grande en el mundo, convirtiéndose en la primera mujer en presidirla en casi cien años.

Desde que asumió esta titánica labor planteó retos específicos, como el de crear un Manifiesto de Derechos de Autor y modificar, por primera vez en la historia de PEN, la Carta Constitutiva con el fin de incluir cuatro conceptos que necesitan formar parte de la defensa de derechos humanos y de la literatura: género, orientación sexual, identidad sexual y religión.

¿Por qué si el PEN aboga por la libre expresión y el libre pensamiento no había contemplado en sus documentos estos cuatro conceptos?

No lo sé. Llevo 23 años colaborando en PEN y siempre me he preguntado lo mismo. Debo aclarar que hacer una modificación de la Carta Constitutiva no es fácil. El PEN está conformado por 140 centros autónomos en distintos países, y todo cambio se discute y vota en un congreso mundial. Cada modificación debe ser propuesta o nominada por dos centros; en el caso de la Carta, los cambios fueron nominados por el de Sidney, Australia, y el de Sudáfrica. Ahora serán discutidas y votadas en el congreso internacional, que celebraremos en Ourense y Santiago de Compostela, Galicia, el próximo septiembre. La propuesta de modificar la Carta Constitutiva tiene como objetivo hacerla más fuerte. PEN no puede permanecer en silencio cuando las mujeres son censuradas a través de la violencia, cuando las religiones son atacadas y cuando escribir sobre ti mismo o sobre la persona que amas te lleva a la cárcel o a la muerte. Ha llegado el momento de modificar nuestros estatutos para ser más inclusivos y defender que cada historia debe tener la libertad suficiente para ser contada.

La escritora y periodista Catherine Amy Dawson Scott crea el PEN en 1921, una asociación mundial para defender a quienes se dedican a las letras; 95 años después es también una escritora y periodista quien quiere revolucionar esta organización.

En los tres años que estaré al frente de la organización tengo muy claro lo que quiero hacer. No es posible que en países como Kenia los homosexuales sean encarcelados, perseguidos, que tengan prohibido escribir. Incluso en ciudades como Londres (se vio sorpresivamente en una encuesta este mismo año) hay quienes en su trabajo ocultan su preferencia sexual. Es importante que tanto las mujeres como la comunidad LGTB se sientan representadas por PEN; de ahí la importancia del cambio de la Carta y el hecho de crear toda una reorganización de género y considerar la violencia contra la mujer como una forma de censura.

Otra de las cosas a las que PEN Internacional no es ajeno es a las problemática mundial de los desplazados, por ello, este año hemos creado una campaña global que se construye sobre el legado histórico de PEN, que siempre enfrenta los grandes momentos sociales y políticos, y esta campaña abarca a las comunidades y las personas desplazadas. Esta campaña defenderá el derecho al santuario, a la celebración de literaturas de escritores desplazados, y combatirá la xenofobia hacia los refugiados, así como la censura o el silencio por el exilio.

Hablas de “una reorganización de género”. ¿A qué te refieres?

Tiene que haber cambios radicales en todos los centros. Hay que empezar por ver cuántas mujeres están en PEN y pueden trabajar como periodistas o escritoras en sus países. Pero además del conteo, haremos un manifiesto en el que se deje claro que la violencia contra la mujer es censura.

Hay 14 millones de niñas en el mundo que son obligadas a casarse entre los 9 y los 13 años. En la Ciudad de México hace apenas unas semanas se prohibió el matrimonio adolescente —en los últimos cinco años se casaron más de 10 mil menores de edad—. Esas niñas no van a leer ni van a escribir un libro. Agrégale la violencia, la trata. Hay países donde las niñas ni siquiera pueden ir a la escuela y en otros, como China e India, hay unos pequeños carros que van a las comunidades otorgando el servicio de ultrasonidos y, si la mamá está embarazada de una niña, le ayudan a abortar. Es importante que el PEN se enfoque en todo esto desde el punto de vista de la censura ya que es una organización que defiende la libertad de expresión y ahí hay un gran potencial creativo perdido.

¿Cómo influirá la creación de un manifiesto en la vida diaria de esas mujeres y niñas?

Creando una conciencia de género. La idea es crear también programas literarios, así como el manifiesto que se escribirá en Barcelona, en abril del próximo año. Todavía no hay invitaciones formales, pero el manifiesto lo crearían un grupo de 15 a 20 personas que han estado dentro de este diálogo en contra de la violencia de género, como Julia Gillard, que se convirtió en primera ministra de Australia, Svetlana Aleksiévich, Rodrigo García, Zeinab Koumanthio Diallo, Erica Jong o el periodista del New York Times, Nicholas Kristof, coautor del libro La mitad del cielo. De México, se invitarán a representantes como Elena Poniatowska.

¿Hay quienes se oponen a estos cambios?

No puedo especificar los centros, pero algunos se han manifestado en contra de los cambios en la Carta Constitutiva, porque están en países donde la homosexualidad es ilegal y, además, se considera antirreligiosa. Existen también países que no están de acuerdo con los cambios porque ven el documento como algo intocable, aunque yo creo que sí van a pasar, se va requerir de una labor de convencimiento, algunos centros se van a abstener, pero al final pasarán.

Pasando a otro tema, ¿por qué el PEN ha mantenido hasta ahora una actitud cautelosa en la defensa de los derechos de autor, que con frecuencia son vulnerados?

El PEN, sin duda, tiene la responsabilidad de defender a los autores. Y hay que decirlo tal y como es: la posibilidad en esta era digital de hacer reproducciones no autorizadas a escala masiva y distribuirlos infinitas veces a infinitos recipientes, a costos que ni sabemos, es una amenaza seria para los autores, realmente uno tiene que decir que esto es una forma de robo.

Negar a los autores la posibilidad de obtener una recompensa monetaria por sus obras, es negar el valor de las obras y negarles a sus autores un medio de vida. Por eso, con asesoría jurídica y el trabajo especializado de los centros PEN de Australia y Alemania, se presentará en septiembre el primer Manifiesto de Derechos de Autor. Cuando asumí la presidencia internacional, prometí dos cambios: modificar la Carta Constitutiva y crear el Manifiesto de Derechos de Autor. PEN, como la organización más importante en el mundo de escritores, tiene la responsabilidad de defender los derechos de autor como parte de la libertad. Este manifiesto se podrá usar para la defensa legal y también para abogacía.

¿Cómo se realizó el manifiesto?

Es un documento de nueve puntos, cuyo valor principal es volver a la idea filosófica de honrar la creación individual. Este documento tiene un carácter universal. Por supuesto que cada país tiene sus propias leyes, pero la idea de este manifiesto —que también tiene que ser puesto a votación en la asamblea de delegados—, es que aglutinaría un reclamo mundial y podríamos llevarlo ante un juez, ante la Unión Europea o el Parlamento Inglés y decir: el PEN defiende los derechos de autor a toda costa.

En otro momento me explicaste que este documento contempla el derecho del autor sobre su obra en la red, así como la defensa moral de la obra no solo ante el plagio sino también frente a la atribución falsa o malintencionada. ¿Podrías ampliar esta idea?

En países como China tu libro puede ser censurado o modificado, entonces le quitan partes que no les gustan y tú ni te enteras. Y si modifican algo que le gusta a un gobierno pero no a otro, entonces estás en dificultades.

Por otra parte, hay todo un problema con la Internet. Las grandes compañías como Facebook, Google, Yahoo y Amazon tienen la posibilidad de negociar para que los parlamentos de la Unión Europea, el Parlamento Inglés o el Congreso de los Estados Unidos hagan leyes de derecho de autor menos estrictas. Necesitamos un pronunciamiento global en contra de todo esto.

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