Ascensor a la vida eterna

La pista sonora de "Ascensor al cadalso" se sostiene por sí misma, pero al escucharla en conjunción con el rostro de Jeanne Moreau mientras la lluvia moja su rostro, la engrandecen.
Jeanne Moreau en "Ascensor al cadalso" (1958), de Louis Malle y con música de Miles Davis.
Jeanne Moreau en "Ascensor al cadalso" (1958), de Louis Malle y con música de Miles Davis. (Especial)

México

Mis hermanos le debemos a mi padre el amor por el cine francés, el gusto por la pronunciación de un idioma que te mueve las entrañas y la rendición ante unos labios carnosos de mujer cuando dicen: Je t’aime. Entre las divas del cine francés que aprendimos a admirar refulge Jeanne Moreau y su rostro displicente que se impone antes de pronunciar palabra. ¿Cómo permanecer indiferente ante su mirada lánguida?

La recientemente fallecida protagonista de cintas como Jules et Jim, La noche, Diario de una recamarera y Mr. Klein, dirigidas por François Truffaut, Michelangelo Antonioni, Luis Buñuel y Joseph Losey, respectivamente, fue calificada por Orson Welles como “la mejor actriz del mundo” (él bien podía darse el lujo de dar este tipo de declaraciones). Por supuesto, está entre las mejores.

Hace siete años, mientras recorría la exposición Queremos a Miles. Miles Davis vs. el jazz en el Museo de Bellas Artes de Montreal, de pronto el sonido agridulce de una trompeta con sordina me atrajo hacia una sala. Al entrar me estremeció ver el rostro gigantesco de Jeanne Moreau en un fragmento de la película Ascensor al cadalso, de Louis Malle, cuando su personaje, Florence, deambula por las calles parisinas en medio de la lluvia preguntándose dónde estará su amante.

Todo lo que expresa sin hablar, mientras imagina que el hombre que ha matado a su esposo por ella ha decidido dejarla —aunque en realidad está atrapado en un ascensor— es reforzado por la conmovedora improvisación de Miles. “El sonido de trompeta más solitario que escucharás en tu vida y el modelo para la música sombría desde entonces —diría el crítico Phil Johnson—. Escúchalo y llora”.

Durante la grabación del soundtrack, Miles no hablaba mucho, ni siquiera con el director o con los músicos: se limitaba a traducir en música la película que veía en pantalla. En su autobiografía cuenta el proceso de la grabación. “Dado que se trataba de un asesinato y se supone que era una película de suspenso, utilicé un edificio viejo, oscuro, muy melancólico, donde hice que los músicos tocaran. Pensé que le daría la atmósfera musical y así fue. A todos les encantó lo que se hizo con la música de esta película”.

La pista sonora de Ascensor al cadalso se sostiene por sí misma, pero al escucharla en conjunción con el rostro de Jeanne Moreau y su recorrido por las calles de París, mientras la lluvia moja su rostro, la engrandecen. Por ésta y tantas otras películas, Moreau ha subido al ascensor, pero esta vez su destino es la vida eterna.